miércoles, 27 de enero de 2010

“El proceso de la Constituyente pudo ser mucho mejor”


ENTREVISTA AL ECONOMISTA RAFAEL CORREA, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR
Quito, 31 de diciembre de 2008
OP: Presidente, la Asamblea Nacional fue el hecho político más trascendente más importante del año, según las encuestas y también desde el punto de vista de mucha gente, por los resultados del referéndum fue la punta de lanza del proyecto de la Revolución Ciudadana que usted encabeza y que desarrolló desde el año 2006. Al mismo tiempo, la Asamblea marcó el momento cúspide del cambio, pero a su vez su realización ¿fue lo que pensaba?, ¿fue así como la esperaba? Yo tengo la sensación de que no lo dejó muy conforme, de que las expectativas estaban por encima de los resultados. Quizás agregaría algo más: fue su mayor dolor de cabeza durante ocho meses.
RC: La Asamblea Constituyente como dijimos en la propia campaña, era el principal instrumento para ratificar, para consolidar la Revolución Ciudadana. Creo que así ha sido en gran medida, pero usted tiene razón: tuvimos una oportunidad histórica que nos dio el pueblo ecuatoriano. Ganamos esas elecciones con más del 70%, tuvimos mayoría absoluta en una Asamblea de plenos poderes. Si hubiéramos utilizado el método que utilizaba la partidocracia, el método del cociente, hubiéramos tenido más de 100 asambleístas, pero tuvimos 80 de 130. Tuvimos una oportunidad muy grande que creo no la aprovechamos al cien por ciento, tal vez somos muy exigentes o perfeccionistas pero…
OP. ¿Qué faltó?
RC. Por ejemplo: visión política, coherencia con el proyecto. Cuando mucha gente que había participado y ganado las elecciones por el Movimiento País, se declaraba representante de organizaciones sociales. Creían que ser independientes era ir cada uno por su lado. Los medios de comunicación por supuesto, también incentivaban esto, que teníamos 80 borregos, 80 alza manos y se trataba de trabajar con las vanidades de las personas. Había criterios sumamente equivocados. Por ejemplo: guardar algo de organicidad, de visión política, era estar sometidos al poder Ejecutivo, cuando todos éramos parte de un proyecto. En la prensa se usaba mucho esto diciendo que concentrábamos todos los poderes y en realidad, lo que se llama oposición en otros países, yo lo tenía dentro del bloque País. Usted fue testigo presencial de largas madrugadas de discusión, donde muchas veces la postura del Presidente perdía. Nosotros éramos un grupo muy amplio, muy democrático. Pero ¿qué es lo que decía la prensa? que esto era dedocracia de Carondelet y créame que dentro del propio bloque tuvimos lo que en otro país, en cualquier otro país, se llama oposición. Entonces, sí se pudo haber hecho mucho más. Se hizo mucho, pero creemos que se pudo haber hecho mucho más con esa oportunidad histórica…
OP. ¿Pero de verdad fue un dolor de cabeza para usted?
RC. Sí. Sí, porque había una serie de iniciativas, totalmente desarticuladas, cada quien quería poner su impronta en la Constitución. Después de ganar las elecciones tuvimos varios talleres de formación con nuestros asambleístas. A uno de los acuerdos que llegamos era hacer una Constitución en base de principios, no una Constitución reglamentaria como la del 98 y resulta que al final tuvimos una de 444 artículos, la más larga en la historia del país y una de las más largas del mundo. Entonces se contradijeron muchas de las cosas que habíamos acordado. No eran cosas impuestas, que habíamos reflexionado juntos, que habíamos acordado juntos. Y se hicieron esas cosas muchas veces por vanidad, porque cada quién quería poner su impronta en la Constitución.
OP: En esos ocho meses que duró la Asamblea, ¿cuánto pesó en la gestión del gobierno, dificultó, tropezó o al contrario fueron hechos paralelos?
RC: Mire otro de los errores que se cometieron es que se tenía un programa muy estricto, la Constitución tenía que acabarse en cuatro meses, dos meses destinarlos a dictar leyes fundamentales complementarias a la Constitución. Al final nos demoramos ocho meses incluso había asambleístas que querían demorarse más y no se dictaron esas leyes. Entonces, sobre todo la última semana, nos consumió gran parte de nuestro tiempo.
OP: ¿La integración del bloque País reflejó lo que el propio movimiento quería y era, la necesidad de cuadros para una constituyente? ¿O la ausencia de representatividad obligó a contar con figuras que no necesariamente representaban a la ideología, a la idiosincrasia y el espíritu de País?
RC: Por supuesto que se cometieron errores y graves esos son de conocimiento público. Y también hubo mucho idealismo. En todo esto se gana experiencia. Por ejemplo: darles la oportunidad a muchos jóvenes. Nosotros siempre seguiremos aportando a la juventud, pero sí creo que se requería en algunos sectores mucha más experiencia, muchas veces se fue con falta de identidad, falta de pragmatismo a querer por ejemplo defender todos los derechos del mundo y no hablar de los deberes, etc. Entonces, si hubo asambleístas que en el transcurso de la Asamblea, insisto, reflejaban otra agenda, no la del Presidente de la República, no del gobierno nacional, la de nuestro proyecto político por el que había votado mayoritariamente el pueblo.
OP: Pero, ¿no se pecó de muy ligero a la hora de formar las listas?
RF: De muy democrático diría yo. Yo ni siquiera me involucré en eso. No me gusta. Creo que es donde se desatan las pasiones, las ambiciones y eso me desgasta tremendamente. Hubo mucha amplitud para las propuestas de las diferentes organizaciones sociales y eso fue un error. Estamos de acuerdo, fue un error y también por lo naciente de nuestro movimiento no teníamos cuadros formados, consolidados, entonces se tuvo que improvisar y nos costó cara esa improvisación.
OP. ¿Gustavo Larrea fue quien más asambleístas puso o impuso en las listas?
RC: Gustavo propuso algunos asambleístas, pero muchos sectores propusieron. Lo que le puedo decir es que el que menos propuso fue el Presidente de la República.
OP. Alberto Acosta me dijo que no había propuesto un solo nombre.
RC: Sí, no recuerdo que Alberto haya propuesto a nadie.
OP: ¿Los asambleístas de País estaban preparados para hacer una Constitución o estaban preparados para empezar un proceso político que podía llevar a hacer una Constitución?
RC: Puede que tenga razón. Si, algunas veces pienso que la Asamblea Constituyente fue tratar de jugar la final internacional interclubes con un equipo que apenas empezaba en un campeonato nacional. Entonces, insisto, sí hubo mucha apertura, se eligió un grupo muy heterogéneo representando a las organizaciones civiles, etc., que no estaban consolidadas con una visión política única, una agenda País sino que muchos tenían sus propias agendas. Probablemente estoy recordando los problemas, pero también es cierto que gran parte de la gente si estuvo a la altura del desafío.
OP. ¿Qué pensó del puñetazo de Trajano Andrade?
RC: Trajano es una persona que en estos momentos está separado de nuestro proyecto político precisamente por su comportamiento. Yo creo que estuvo muy mal.
OP: ¿Qué le pasó por la mente en el momento que vio esa escena?
RC: Como casi nunca veo televisión la vi mucho después, ya estaba preparado para lo que iba a ver. Obviamente, si lo hubiera visto ese mismo día me hubiera impresionado profundamente, pero creo que fue un desafuero injustificable de Trajano Andrade.
OP: ¿Por qué no le votaron ese momento?
RC: Porque eso le correspondía al bloque de asambleístas, no al Presidente de la República.
OP: ¿Hasta dónde estuvo de acuerdo o muy cerca de las posiciones de Rossana Queirolo y Diana Acosta?
RC: Ninguna de esas dos personas yo recomendé. Dicho sea de paso, se ha dicho falsamente que yo había recomendado a Rossana Queirolo, eso no es cierto. En todo caso, al principio hubo mucha novatada, con mucho idealismo, que si es un movimiento muy amplio, que ciertas personas han sido de la derecha ecuatoriana necesitamos sus aportes, pagamos derecho de piso. Ese es un grave error. En estas cosas hay que tener cuadros que sean consistentes con una visión política. Ese fue uno de los errores que cometimos. Probablemente en algunos principios morales que como católico practicante también mantengo, estaba de acuerdo con estas dos señoras o señoritas, pero luego en su forma, en su praxis política, en su forma de actuar, tuve que realmente también unirme a las críticas de las mayorías porque era prácticamente capricho o boicot interno lo que estas dos señoras hacían.
OP: Yo estuve en la reunión del 1 de marzo en el local de la Aduana en Manta, cuando ellas reclamaban de ese modo, yo le vi a usted cogerse de las manos, llevarse a la cara como asustado, conmovido. ¿Qué pasó ahí? Se puso las manos sobre la cara como diciendo…
RC: Porque me pareció un infantilismo terrible. Eso era lo que le comentaba hace un momento: nos ha dado el pueblo ecuatoriano una oportunidad histórica, tenemos una Asamblea con plenos poderes, con una mayoría absoluta para realmente transformar el país. Y tenemos poco menos que dos chiquillas caprichosas que si no se hacen lo que ellas dicen se van. Lo que sí es cierto, también lo dije hace un momento, es que había un gran sesgo, porque Mónica Chuji hizo lo mismo y mucho peor que estas dos señoras, pero a ella no se la votó porque pobrecita indígena, etc. Entonces, como las unas eran coloraditas había que censurarlas, sacarlas, porque no mantenían la visión del proyecto político, porque su comportamiento no era tolerable para la mayoría del bloque, pero lo mismo hacía Mónica Chuji y a ella si había que aguantarle todo porque era la indígena pobrecita. Eso tampoco es correcto.
OP: A propósito: ¿Mónica Chuji ya no es lo que fue para usted el 15 de enero del 2007?
RC: A Mónica Chuji no la conocía, la escogí por merecimiento, reunía muchas de las cosas que queríamos representar. Era representante de una minoría, mujer, joven y tenía grandes calificaciones académicas. Ni la conocía, la entrevisté, le propuse el cargo y resulta que todo marchaba de maravilla hasta que ella mismo me pidió ser asambleísta. Cuando no nos sometimos a todos sus caprichos de que el quichua sea el idioma oficial, de que el consentimiento previo. etc., resulta que éramos unos farsantes y siempre habíamos sido. Pero por qué no nos lo dijo antes de querer ser asambleísta por Acuerdo País. Mónica Chuji nunca estuvo con nosotros, entonces fue una gran hipocresía lo que hizo.
OP: Otro hecho que dicen le molestó fue la supuesta propuesta de cambiar el Escudo. Usted estaba en el exterior cuando llegó la noticia de que supuestamente Tania Hermida había propuesto el cambio del Escudo, de lo que me han contado cuando usted se enteró, se puso molesto, se preocupó más bien.
RC: Realmente yo no recuerdo ese hecho, pero créame que todo lo que he escuchado lo he recibido con beneficio de inventario, porque la prensa siempre tergiversa todo. Entonces no es que me preocupó mucho, no recuerdo ese episodio, puede ser. Yo sé como la prensa saca de contexto las cosas. Cuando salían esos supuestos escándalos hasta me reconfortaba un poco, porque decía: “si esto es lo único que nos pueden criticar quiere decir que vamos por el buen camino”
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OP: ¿Rolando Panchana y César Rodríguez fueron sus mejores voceros dentro del bloque?

RC: No necesariamente, pero fueron personas muy leales y muy orgánicas, muy leales al proyecto.
OP: ¿O interpretaban sus criterios?
RC: Usted ha estado en las discusiones. Yo soy una persona muy amplía y discuto democráticamente, muchas veces mis puntos de vista fueron vencidos. Pero una vez que se toman decisiones hay que marchar por ese camino. El problema es que se tomaba una decisión y Mónica Chuji enseguida empezaba a pasar por celular a sus compañeros de Pachakutik, a la prensa, etc., para que nos creen presiones, para cambiar la decisión, etc. Creo que Rolando, mi amigo personal desde hace muchos años, y César tuvieron una actitud muy leal, no para el Presidente de la República, o no busco nada, sino para el proyecto político que encomendó el Ecuador.
OP: ¿Fernando Cordero se constituyó en el mejor apoyo al final, pero fue a lo largo del proyecto que usted descubrió en él a un hombre más identificado con el proyecto País que otros?
RC: Yo casi no lo conocía, antes de la Asamblea y durante la Asamblea. Ha sido una de las grandes revelaciones. Yo tengo el mejor de los concepto de Fernando: su visión política, su capacidad ejecutiva, su pragmatismo, su capacidad de análisis y poco a poco se fue ganando la confianza no solo del gobierno, sino de todos los compañeros del Movimiento País y del proyecto político. Finalmente se convirtió en un importantísimo instrumento para el éxito de la Asamblea y sacar adelante la propuesta por la que había votado el pueblo ecuatoriano.
OP: ¿Usted cree que él debió haber sido el Presidente de la Asamblea desde el principio?
RC: Pero por supuesto. Creo que con sobra de merecimientos lo era Alberto Acosta, pero creo sinceramente, con el cariño que le tengo a Alberto, que lo hubiera hecho mejor, porque Alberto se desgastaba en el debate, parecía que el fin era debatir por debatir. Si fuera por la cantidad de debates deberíamos tener la mejor Constitución del mundo. En cambio el Corcho fue mucho más concreto mucho más eficiente, a tal punto que el número de intervenciones casi no cambió. O sea la prensa no sacó y quiso dar la impresión de que se había implantado una dictadura. El promedio de intervenciones era el mismo 44 o 48 con la diferencia que con Alberto el 50% de esas intervenciones era para discutir el orden del día, con el Corcho Cordero era para discutir el punto del orden del día.
OP: Ahora veamos los nudos más complicados y vamos por el que menos implicaciones tuvo en la Constitución pero generó el mayor debate. El aborto, el matrimonio gay fueron temas bien complicados, el tratamiento no dentro de la Asamblea sino en el país en general es delicado y hasta prejuiciado, incluso usted en la inauguración en la instalación de la Asamblea dijo que si se aprobara eso, votaría por el no. ¿Qué paso con ese tema? ¿Por qué en el país se produjo tanto debate, que para la mayoría de gente no es relevante?
RC: Porque en un momento dado yo no llamé infiltrados, más bien se comportan como infiltrados. Yo no dije infiltrados, eso lo dijo la prensa. Pero, cuando esos temas estuvieron en la campaña política de País y no debería estar si son cuestiones de moral personal, no son cuestiones de programa de gobierno… Programa de gobierno cosas fundamentales más aún en un país como Ecuador, como el tratamiento de los recursos naturales. Pero el aborto, el matrimonio gay, cuestiones que están en la frontera de la moral y que son decisiones individuales, para mí ni siquiera deberían estar en un programa de gobierno. No es lo prioritario para una realidad como Ecuador y de repente empezaron a salir esos temas. Y es verdad: habían grupos que sin coordinación alguna, sin haber conversado, sin jamás haber estado en una propuesta de gobierno, en la propuesta para asambleístas, etc. empezaron a introducir esos temas. Por eso, yo en el discurso tengo que decir eso, creyendo todavía que un poco la autoridad moral que era la Presidencia de la República podía parar esas corrientes. ¡Qué equivocado estuve! Porque, como usted habrá escuchado después, parecía que el infiltrado era yo. Ellos eran los luchadores sociales 30 años trabajando y yo el improvisado de última hora. Entonces ellos tenían derecho hacer lo que les daba la gana y hubo un grupo leal y dos grupos que estuvieron ahí para impulsar esas cosas y ahí tuvimos que hacer una presencia política y un liderazgo muy fuertes para parar esa cosa que nunca estuvo en el programa de Alianza País, que no era por lo que había votado el pueblo ecuatoriano y que en lo personal tampoco compartía. Pero insisto, no es que quise imponer mi punto de vista, pero en democracia tenemos que hacer lo que el pueblo ecuatoriano manda y eso no era lo que le habíamos propuesto al pueblo ecuatoriano.
OP: Pero esa era la lucha de las mujeres, de los movimientos sociales...
RC: Pero, por qué no lo dijeron y lo discutíamos antes de presentar las candidaturas y si no estaban de acuerdo se lanzaban con ese programa de gobierno: aborto, matrimonio gay por otras listas. Pero, por qué aceptaron e incluso ellos mismos se propusieron para una candidatura dentro de País sin decir absolutamente nada al respecto y sacan esa agenda ya dentro de la Asamblea, eso no es honesto, no es legítimo.
OP: Consentimiento previo o consulta previa marcó otra visión de Estado, una distancia con un sector del bloque o con unos sectores sociales que habían luchado por ello. Por qué Rafael Correa se puso – estoy haciendo de abogado del diablo- del lado de aquellos que estaban no por el avance sino por una forma más mesurada, más medida, de apertura del tema.
RC: ¿Cuándo en la campaña electoral nosotros propusimos consentimiento previo? ¿Cuándo en la campaña para asambleístas se propuso consentimiento previo? Además, un estadista debe tener bien clara la diferencia entre sus deseos y la realidad. Yo quisiera tener pueblos ancestrales, gente común, con una responsabilidad muy clara y que sepan tomar las mejores decisiones. Seamos realistas: aquí hay la diferencia entre los que escriben sobre los indígenas y los que hemos vivido con los indígenas. Vaya y vea lo que pasa en la Amazonía. Por supuesto que han habido grandes abusos de petroleras, pero también los chantajes de siempre. Yo le puedo enseñar cartas donde dice: “Y nos opondremos con todas nuestras fuerzas, a toda explotación petrolera salvo que sea esta compañía”. Tengo que tener bien puestos los pies sobre la tierra. Si en estos momentos ocurren estas cosas imagínese cuando se daba consentimiento previo que 20 familias puedan decidir la construcción de una hidroeléctrica o el desarrollo de un campo petrolero. Se imagina la capacidad de presión que iba a tener esa gente. Tenemos que ser objetivos, no debemos engañarnos. La mejor manera de ayudar a esos que todos queremos ayudar, en principio nuestros pueblos ancestrales, los más pobres, es conociendo la realidad del país. Consentimiento previo hubiera sido la fórmula del desastre para inmovilizar el país y para ciertos grupos y dirigencias corruptas tener capacidad de chantaje.
OP: ¿Usted cree que debe estar ese tema en la Constitución?
RC: ¿Consentimiento previo? No, de ninguna manera, consulta previa sí.
OP: Los dos temas quiero decir, debió ser así tan específico en la Constitución o debía dejarse un principio nada más, de respeto a los derechos ambientales, humanos, etc.
RC: Bueno, está el principio de consulta previa que estaba en la Constitución anterior. Todos estamos de acuerdo con eso.
OP: El quichua como idioma oficial fue un debate tenso en su momento. Además, le digo una cosa, como testigo, nunca lo propuso Mónica Chuji ni Pachakutik, nunca vi una propuesta escrita ni en la Constitución de Pachakutik. Pero me queda latente una cosa: ¿por qué no le hizo caso a la Unidad de Análisis Político de la Presidencia, que había elaborado un informe favorable a eso?
RC: La Unidad de Análisis Político es un grupo de asesoría y tiene cierto sesgo también, que los conozco bastante bien. Pero en todo caso, yo le hago una repregunta: ¿Cuándo en nuestro programa de gobierno estuvo el quichua como idioma oficial? ¿Cuándo en los programas de los asambleístas estuvo el quichua como idioma oficial? De acuerdo al último censo solo el 5% de la población ecuatoriana habla alguna lengua ancestral. Qué bien le hacíamos al pueblo ecuatoriano imponiendo el quichua como idioma oficial para que los chicos de clase media de Guayaquil en vez de aprender inglés aprendan quichua. Si eso sacara de la pobreza al pueblo indígena a nuestro pueblo ancestral, le pongo diez veces el quichua como idioma oficial, debemos ser pragmáticos.
OP: Pero el informe de la unidad de análisis políticos decía dos cosas que me parecen interesantes, es uno es que en países como España, como los países de la ex Unión Soviética las lenguas originales al ser rescatadas fueron desarrollándose.
RC: Y quién dice que no estamos rescatando las lenguas ancestrales. Fíjese que la Constitución pone el aprendizaje de una lengua ancestral. Yo firmé un decreto hace algunos meses declarando un patrimonio intangible del Ecuador las lenguas ancestrales y poniendo presupuesto. Somos los que más hemos hecho para rescatar las lenguas ancestrales, pero otra cosa es poner al quichua como idioma oficial, lo cual significa que los decretos deben ser en español y quichua, lo cual significa que en las escuelas deben aprender español y quichua. Y cuánto nos iba costar esto y cuánto bien se le iba hacer al Ecuador, más aún cuando ya existe educación bilingüe. Es decir, en los lugares donde se habla quichua se enseña español y quichua, pero para qué le vamos a enseñar quichua al chico de clase media en Portoviejo, mejor que aprendan inglés.
OP: Pero el mejor ejemplo es Rafael Correa, guayaquileño, que estudió quichua en Zumbahua.
RC: Por eso tengo algo de solvencia moral para hablar de esto, porque yo sí estropeo un poco el quichua y aquí hay gente que se llena la boca hablando en función de los indígenas, del quichua como lengua ancestral, y en su vida han trabajado con los indígenas. Los que si hemos trabajado sabemos lo que necesita el pueblo indígena. Tampoco creo que tengo todas las soluciones. Insisto: si el quichua como idioma oficial sacara de la miseria al pueblo indígena tenga todo mi apoyo para que el quichua sea idioma oficial, pero lo que si va originar es un gran costo para la sociedad ecuatoriana y prácticamente ningún beneficio.
OP: Amnistía a Gustavo Noboa. Yo estuve en esa noche larga que terminaron como a las dos de la mañana, me parece que fue una de las cuestiones más complicadas y marcaron ciertas posiciones en el bloque País. ¿Con el resultado real de la negociación de la deuda no se hizo mal en darle la amnistía al ex presidente?
RC: No, porque la amnistía era por un caso muy concreto, que era una barbaridad, decir que porque se pagó con bonos a la empresa de Salomon Smith o algo así, entonces el Presidente de la República está metido en peculado. Es una barbaridad. Yo soy el Presidente de la República y que a mí me acusen de algo así sería tremendamente injusto. Fue contra esa injusticia que nos rebelamos…
OP: Y por supuesto contra la acción de Febres Cordero.
RC: Y por supuesto quien inició esa injusticia fue nada más y nada menos que Febres Cordero. De ahí, si tiene responsabilidad en la renegociación de deuda. Si alguien cree culpable a Gustavo Noboa, por ejemplo, por una mala renegociación de la deuda que lo acusen por esas cosas concretas, pero no porque firmó un decreto y los bonos que eran para tal objetivo se le pagó a la Salomon Smith. Incluso aquí, nuevamente, se verificó el sectarismo de algunos grupos dentro del Movimiento País hacia Noboa por ser oligarca, por haber sido un presidente de derecha, si había que mantenerlo con una acusación injusta y no darle la amnistía, pero a la gente de Dayuma que nos cerró pozos petroleros, que dinamitó camionetas, que disparó a policías, militares, como son pobrecitos, luchadores sociales a ellos si démosles amnistía. No podemos caer en esas barbaridades, en esos sectarismos.
OP: El buen vivir es una visión indigenista. Usted la ve ahora, ya con la Constitución aprobada, ¿como una visión que le obliga al Estado ecuatoriano a una nueva forma de convivencia, que supera el tema del consumismo, la visión occidental de la vida?
RC: Creo que el buen vivir es poner las cosas en orden. Primero, es un concepto aymara, más que quichua ecuatoriano. Segundo, pone las cosas en orden: el objetivo de la economía no es producir más, no es generar más ingresos, tener más dinero, consumir más y vivir mejor. Más que vivir mejor, es vivir bien.
El buen vivir coincide mucho y es consistente con el verdadero objetivo no solo de la economía sino de las ciencias sociales y creo que pone las cosas en orden. En esta frenética carrera consumista de acumulación de prestigio, estatus, somos capaces de cortarnos la cabeza para comprarnos un sombrero. No hay que poner la carreta delante de los bueyes. El objetivo último de una sociedad es educar en el buen vivir y toda debe estar en función de aquello.
OP: Un tema delicado fue el famoso hombre del maletín: el caso de Julio Logroño. ¿Eso fue una prueba para el gobierno, fue una punta de lanza también contra Sociedad Patriótica o fue la expresión de una cultura de hacer política de esa manera?
RC: Ojalá que haya sido eso. En todo caso nosotros recibimos la denuncia, investigamos, para que no se diga que era una creación, manipulación del gobierno para distraer, perjudicar o cosas así…
OP: Fue un globo inflado dijeron.
RC: Llamamos a tres periodistas de mucho prestigio. Les dijimos: “Vean, estamos haciendo esta investigación, aquí están los videos, las primeras pruebas, vamos a seguir investigando para que esto sea contundente”. ¿Qué pasó? Uno de esos periodistas invitado, que trabaja en Ecuavisa, le dio a una persona para que vea el video. Ese se lo pasó al inefable Carlos Vera y Carlos Vera enseguida lo lanzó. Entonces no pudimos seguir en la investigación para tener toda la contundencia del caso. Ya era suficientemente contundente lo que teníamos.
Nosotros tuvimos una reunión reservada con tres periodistas de mucho prestigio para ponerlos en antecedentes eran: Carlos Jijón, Andrés Carrión y una mujer que no me acuerdo…
OP: Mónica Almeida, del diario El Universo…
RC: Puede ser, no recuerdo. Les dimos los videos y les dijimos estamos haciendo esta investigación, queremos anticiparles para que no se diga que fue un invento del gobierno y vamos a seguir investigando. Lastimosamente se filtró enseguida. Bueno, ya se tenía bastante material, se pudo lograr mucho más.
OP: ¿Cuánto le fastidiaron, le alimentaron el pensamiento, la discusión, el debate las reuniones del bloque en Manta? De lo que yo fui registrando, esas reuniones se convirtieron prácticamente en un dolor de cabeza, en un problema, por dos razones. Le voy a poner los dos escenarios. El uno, no todos debatían, ahí hay que reconocer que algunos asambleístas ni siquiera iban y otros se quedaban dormidos. Y otro porque los temas no siempre se procesaron políticamente, sino que se discutieron como que estuvieran en una asamblea de sindicato.
RC: Eso no modifica lo que dije, muchas veces lo que se llama oposición en otros países lo teníamos dentro del bloque de Alianza País. Eso no es necesariamente malo, siempre y cuando después de tomar una decisión se vaya en esa línea. El problema es que se toman decisiones y al siguiente día, la gente con agenda propia hacía lo que le daba la gana y a eso le llamaba independencia. Eso es una deslealtad enorme, una falta de organicidad tremenda. En todo caso, en principio no me fastidiaban esas reuniones. A mí me agrada debatir, escuchar. Obviamente me quitaba tiempo. El problema fue cuando ya hubo tensiones dentro del bloque. Se veía la actitud de personas como Mónica Chuji, que tenía una agenda totalmente distinta, estaba más cercana a Pachakutik que a Movimiento País. Cuando veíamos que el Presidente decía algo no había que hacerle caso porque eso era depender del Ejecutivo. Si la CONAIE decía algo si porque nosotros somos indigenistas y hay que apoyar a los indígenas, como si la CONAIE habría ganado las elecciones. El problema era cuando nos pasábamos debatiendo hasta las 3 o 4 de la mañana y a las ocho del día siguiente, pese a haber llegado a un acuerdo, se hacía lo que se les daba la gana a cada uno no. No a cada uno, había gente que si era disciplinada. Eso era desgastante.
OP: La última semana de mayo usted decidió no ir más a Manta.
RC: No recuerdo exactamente, pero si le tengo que decir que al final tenía una desazón enorme, estaba muy decepcionado de algunos comportamientos. Que un Presidente de la República, con todas las ocupaciones que tiene, se ponga a debatir 6 o 7 horas…
OP: Bueno, de hecho en esos meses tuvo el problema de Colombia encima…
RC: Hasta las 3, 4 de la mañana y estar a las 7 de la mañana aquí en Quito para que después no hicieran caso de nada. Entonces si estaba muy decepcionado, profundamente.
OP: Los plenos poderes de la Asamblea, según su opinión, ¿fueron ocho meses de poder “total”?, ¿se desaprovecharon?
RC: Sí, pero además, cuidado, poder total de la Asamblea. Algunos quieren hacer creer, usted estuvo ahí, que el Presidente manejaba a todos los asambleístas, desde Carondelet, como a títeres. Usted sabe que eso no era cierto. Se debatía mucho y muchas veces las posturas del ejecutivo o del Presidente no eran aceptadas y democráticamente…
OP: ¿Qué le hubiese gustado hacer con esos poderes? ¿Qué hubiese hecho?
RC: Le insisto, nosotros tuvimos varios talleres de preparación, de formación, de planificación y habíamos acordado en cuatro meses acabar la Constitución. Una Constitución en base a principios. Vea el artículo de seguridad alimentaria tiene 15 numerales. Eso quiere decir que la Constitución define hasta la política pública, hasta lo que son funciones de un directorio. Es un error. Quedamos en que sea una Constitución de principios, quedamos que si se trabajaba bien en cuatro meses se acababa la Constitución y dejábamos dos meses para tratar las leyes fundamentales. Las leyes que ahora les pasaron al Ejecutivo y le pusieron un plazo para realizarlas.
OP: Usted piensa más en leyes. Por ejemplo podíamos pensar que con esos plenos poderes podían haberse dado…
RC: Debieron hacerse algunos Mandatos importantes. No todos los Mandatos salieron bien. Había incoherencias por ejemplo en cuanto a dar estabilidad a los tercerizados. Cuánto tuvimos que luchar también para que se ponga límite a los abusos de la contratación pública. Uno cree que ser de izquierda es ser irreflexivo e incondicional con los usos y abusos de ciertos dirigentes sindicales. Yo creo que ser de izquierda, además de ciertos principios de izquierda, de la supremacía del trabajo sobre el capital etc., es estar siempre apegado a la verdad y los abusos pueden venir de la derecha o izquierda y hay que combatir siempre esos abusos. Entonces, creo que se pudo hacer mucho más y si la Asamblea hubiera acabado en seis meses hubiéramos ganado ese referéndum con el 95% y no con el 64%.
OP: ¿Usted cree que fue justo, válido, prudente establecer un plazo de ocho meses? ¿Por qué no se plantearon un año?
RC: Puede haber sido un error. Insisto, cometimos muchos infantilismos, muchas novatadas. Por ejemplo: ¿por qué tenía que ganar el sí sobre el total de los votos válidos? En todas las elecciones el sí debe prevalecer sobre el total de votos. Es decir, prevalecer sobre el total de votos válidos, el sí le gana al no y se acababa y nosotros hechos los idealistas e hiper democráticos decimos que el sí le gane al no más el nulo, más el blanco. Entonces, cometimos algunos errores por novatos.
OP: Si era un año, podría haber sido un año de plenos poderes y hubiese…
RC: Puede haber sido, puede haber sido. Con todo el debate que eso podía haber implicado y todas las críticas. Un año de Asamblea con plenos poderes era más difícil que lo admita el pueblo ecuatoriano.
OP: ¿Por qué se declaró a Acostista el 15 de enero en Montecristi?
RC: A Alberto Acosta lo considero un hermano, un maestro, he aprendido mucho de él y lo quiero muchísimo y siempre seré Acostista, por su transparencia, su dedicación por el país y su patriotismo.
OP: ¿Él sigue siendo o fue en su momento, digámoslo así, el lado utópico e idealista de Acuerdo País?
RC: Puede ser, pero tal vez tengo que reconocer, puede ser el lado ingenuo.
OP: ¿Cuándo se dio cuenta que no sintonizaba? ¿Pasó algo? ¿Qué cortocircuito ocurrió?
RC: En algún momento sentía que más ascendente sobre Alberto tenía la CONAIE que el gobierno nacional y eso me hirió profundamente porque yo creo mucho en Alberto.
OP: Pero usted sabía eso, siempre fue así, porque cuando yo era editorialista del HOY y él también era editorialista, en los Consejos Editoriales del diario HOY le daban palo a Alberto Acosta porque era indigenista.
RC: ¿Cuándo lo dijo? Yo soy indigenista objetivo y pragmático, pero... Mire, a mí me han acusado, incluso la derecha indígena, de irrespetar a la dirigencia indígena. No hay nadie que la respete más que yo. Una muestra de respeto es decirles no hablen tonterías, porque que es lo que dice la gente cuando Marlon Santi habla tonterías: “pobrecito como habla tonterías”. Se lo trata con ese paternalismo, como a niñito de pecho. Soy el único que lo trata como adulto. Entonces, yo también soy indigenista, pero aquí hay que ver claro y tratar recio y actuar recio para ayudar a la gente.
OP: Alberto Acosta fue candidato a la Asamblea del 98 por Pachakutik.
RC: Yo también estuve muy cercano a Pachakutik y alguna vez asesoré a la CONAIE y alguna vez asesoré Pachakutik también.
OP: Al MPD también.
RC: Alguna vez sí. Otra cosa es creer que Alberto siempre tiene la razón y tratar de implementar el programa de la CONAIE. Peor ahora, porque creo que Pachakutik y la CONAIE han tenido lamentablemente una terrible involución, están cayendo en los vicios de los que fueron víctimas y a los que dicen combatir. Por ejemplo, el racismo, una forma de racismo también es creer que todo lo indígena es bueno y el resto es malo. Ese es el mensaje, de egocentrismo en el mensaje de Pachakutik y un poco de la CONAIE. Entonces, con Alberto académicamente, en el Foro Ecuador Alternativo, nuestra postura crítica a la dolarización, nuestro afán de ayudar al país, ayudar a los pobres, ha sido de gran coincidencia.
OP: Encontré algunos escritos sobre el tema de la deuda de los dos.
RC: Claro algunos escritos. Otra cosa es ya en la ecología, por ejemplo. Y en ese indigenismo, diría indigenismo infantil, algunas veces.
OP: ¿Por esas razones le dejaron de invitar al buró?
RC: No, fue cuando ya hubo un rompimiento, que es ineludible decirlo. ¿Qué pasó? Con Alberto habíamos planificado, hecho talleres etc., para en cuatro meses hacer la Constitución, dos meses para las leyes y se pasó en el debate por el debate. Estaba más preocupado que lo aplauda Sociedad Patriótica a avanzar en la agenda de la Asamblea y así vivimos seis meses. Y dijo que necesitaba dos meses más. Eso ya era un desgaste político. Usted sabe todo el bombardeo que tuvimos de la actuación de esa Asamblea: una prensa todos los días atacándonos, que plenos poderes, que esto es dictadura, que para eso no fue elegida la Asamblea, que borregos, etc., Era exponernos aún más. Yo estoy convencido que si la Asamblea hubiera acabado en seis meses el porcentaje de victoria hubiera sido mucho más amplio. En todo caso, qué le vamos a hacer.
Usted sabe que nuestro proyecto político tiene una comisión política, un buró, donde están representados asambleístas, movimiento, gobierno, etc., Resulta que después viene y nos dice, nos vamos a tener que quedar más de los ocho meses. Casi me muero.
OP: El día del partido de fútbol con Colombia.
RC: Le digo: “Alberto eso es una barbaridad, va a perder toda legitimidad la Asamblea”. “No, que yo puedo hablar con Sociedad Patriótica, PRIAN, PSC”, me dijo. “Alberto, te van a decir sí y al día siguiente se van de la Asamblea, y perdemos toda legitimidad”. “Bueno, voy a tener que pensar si no yo voy a tener que retirarme de la Asamblea, porque mi forma de ser es así, yo tengo que dar la palabra a todo el mundo debatir”. Yo le dije: “Bueno Alberto, haga lo que usted crea conveniente”. Creo que fue un martes o un miércoles y el jueves tuvimos la comida en la base de Manta. Habíamos acordado acelerar el trabajo para tratar de acabar a tiempo. Hubiera sido una locura pasarse los ocho meses que era lo que estipulaba el Mandato Popular. Era una locura, un suicidio. ¿Qué pasó en ese almuerzo? Estábamos discutiendo que hay que trabajar más rápido, los domingos, etc. Y dice que nosotros también tenemos derecho al buen vivir. Entonces no hay que trabajar los domingos. Frente a eso, nos dimos cuenta que Alberto no iba a cambiar su ritmo de trabajo, su forma de trabajo, no íbamos acabar en ocho meses y eso era gravísimo. Lo llamamos a conversar aparte con dos personas del buró y le tuve que decir: “Sí, mira hermano, es mejor que te hagas a un lado. Es la decisión más dura que he tenido que tomar.
OP: Con el corazón en la mano presidente: ¿A usted se le salieron las lágrimas cuando pasó eso?
RC: (Hace una pausa y los ojos se le llena de lágrimas) Después, luego de que pasó eso. Es natural porque a Alberto lo quiero como a un hermano. Yo soy un hombre honesto y también tengo muchas equivocaciones. (Hace una pausa) Además, uno se pone a pensar… Por supuesto, eso generó un natural resentimiento en Alberto, un distanciamiento... Por ejemplo, si Alberto estaba de Secretario en la Comunidad Andina no hubiera pasado nada, y si Fredy Ehlers hubiera estado en la Asamblea, el problema hubiera sido con él. Entonces uno se dice, cómo las circunstancias pueden crear distancias con un querido amigo. Y uno se dice si esta lucha vale tanto la pena como para distanciarse de los amigos. En otras circunstancias seguiría esa relación estrechísima que siempre he tenido con Alberto.
OP: ¿Y cuando renunció no pensó en llamarle y decirle que no?
RC: Cuando renunció Alberto no. Yo creía que tenía que renunciar. Uno no puede velar por sus afectos, por sus afectos personales, el afecto que siento por Alberto es muy profundo y siempre será por las circunstancias muy profundo, pero teníamos una responsabilidad con el país y Alberto nos estaba haciendo un daño enorme. Con todo cariño le dije.
OP: El cierre de la Asamblea fue atropellado para algunos, la consecuencia de varios errores, de las dificultades del proceso anterior pero al final también fue el cierre de un proceso a lo ecuatoriano. Que quiero decir con eso, se hizo con toda la emoción, con todo el espíritu, con todo lo demás, pero también una necesidad urgente de cambio que se estaba dando en la constitución. ¿El cierre tapó, cerró los problemas internos que había en Acuerdo País o dejó temporalmente postergados que ahora pueden aparecer de nuevo?
RC: No, yo creo que ahora estamos mucho más consolidados, hemos aprendido mucho, tenemos capacidad de aprendizaje, cometimos muchos errores y en las próximas elecciones para asambleístas esperamos no repetirlos, no improvisar, no tener un supuesto democratismo ingenuo. Entonces, tenemos capacidad de aprender y hemos corregido errores, pero yo creo que en el último mes de la Asamblea se hizo las cosas bastante bien, pero obviamente si hubiéramos tenido más tiempo se hubieran hecho mejor. Lo imposible era pasarse de ocho meses. Y con las limitaciones que teníamos se concluyó razonablemente. El proceso y la Constitución pudo ser mucho mejor, si no ignoramos que hubo tanto romanticismos, tanta pérdida de tiempo, tanto detalle que convirtió algunos aspectos de la Constitución en un reglamento. Pero sí, aprendimos mucho y más que haber postergado problemas en Alianza País nos permitió detectar problemas para corregirlos, básicamente el problema era que había gente con agenda propia, que es muy respetable, pero no es legítimo que se embarquen en un proyecto que tiene otra agenda y que desde adentro traten de imponer….
OP: ¿Por qué no quiso ir a la clausura de la Asamblea el 25 de julio? ¿Por qué se resistió? ¿Fue solo porque en el orden del discurso usted no cerraba la sesión de clausura o hubo otras razones? ¿Qué pasó ahí?
RC: No recuerdo totalmente aquello, pero si estaba muy afectado por muchas deslealtades que había habido en los últimos días. Por mucha, no me gusta el término, indisciplina, pero diría por la desorganización, desarticulación. Le insisto, en un momento dado yo decía mandemos esta propuesta con el membrete de la CONAIE para que nos hagan caso, porque si le mando con el membrete del Presidente de la República es como si lo desprecian. Veíamos que ese grupo de gente que con tanto esfuerzo habíamos logrado llevar a la Asamblea, con base al trabajo de todos, obedecía a otra agenda política, no por la que había votado la gente, a la que pertenecía el gobierno.
OP: Era el acto más trascendental. Si no iba eso…
RC: Le insisto nos sentimos minimizados. Yo no soy una persona vanidosa, en el sentido de que si no me dan el primer puesto. Es más detesto los primeros puestos, pero con todo lo que había habido, no sé si es el término adecuado, es la palabra que se viene a la mente, en algunas cosas nos habían hasta despreciado, no nos habían hecho el menor caso. Más caso le hacían al movimiento tal, a la organización tal, para que no se ponga brava Sociedad Patriótica, se ponían las cosas para que el MPD esté contento, etc., que lo que pedía el Gobierno Nacional en función de una visión integral del proyecto político. Entonces, con esa minimización si usted quiere, que se había hecho del Presidente y del Gobierno sí teníamos algún temor que en la clausura también se nos trate como un invitado más, y de repente se dé más importancia a grupos que no tienen nada que ver con nuestro proyecto político, pero luego conversando se corrigieron...
OP: Y salió contento
RC: …y respondieron a esas inquietudes y fuimos. Y creo que todo salió bien al final.

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