martes, 10 de abril de 2012

Julian Assange entrevistado para El Telégrafo

Tomada de la edición impresa del Martes 10 de Abril del 2012
EL ROL DE LA PRENSA EN LAS ESTRATEGIAS GEOPOLÍTICAS Y EN LOS CONFLICTOS DE LAS GRANDES POTENCIAS QUEDA EN ENTREDICHO

La prensa ocultó información que filtró Wikileaks

Cientos de cables que filtró WikiLeaks han sido ocultados por los grandes periódicos. Assange revela cómo el New York Times “cedió” el control de su línea editorial al Gobierno. Y desnuda otros casos delicados.

Julian Assange es el fundador de la organización WikiLeaks. Desde diciembre de 2010 pasó a ser casi “un objetivo de guerra”.

Orlando Pérez, Director

Fue hace un mes que se contactó a Julian Assange, por intermedio de uno de sus colaboradores. Inmediatamente accedió a un intercambio de correos y mensajes electrónicos, por seguridad.

En medio estaba la urgencia por la tensión creada dado que se acercaba el momento de que Londres decida su extradición a Suecia. Aquí el resultado de un intercambio de correos electrónicos durante un mes.

¿Cuáles son los cargos concretos que pesan sobre usted en el pedido de extradición hecho por la Fiscalía sueca?

No existe ningún cargo contra mí en ningún país del mundo hasta el día de hoy. La Fiscalía de Suecia ha solicitado mi extradición para interrogarme únicamente y con base en una orden de extradición inválida. Lo que existe hasta la fecha en Suecia es una investigación preliminar abierta.

Aunque he ofrecido a la señora fiscal de Suecia a cargo del caso que me interrogue por una comisión rogatoria, videoconferencia o simple conversación telefónica, ésta se ha negado, sin una explicación que justifique su negativa, a llevar a cabo el interrogatorio si no se desarrolla en territorio sueco.

Es un procedimiento estándar en estos casos para los investigadores europeos que desean recolectar información y corroborar hechos, usar el teléfono o viajar a los países. Nada impediría hacerlo. Ellos admitieron a la Corte Suprema de Reino Unido que nada les impide hacerlo y se rehúsan a explicarles a todos, incluyendo a las cortes, por qué ellos no hablarían conmigo, restringiendo mi libertad ya por más de un año.

¿Cree usted que el sistema de Justicia de Suecia, un país tradicionalmente progresista, responde a presiones políticas? ¿Cuáles concretamente?

Suecia era un país progresista, pero no lo es más desde el asesinato de Olof Palme. Suecia goza de una reputación progresista que ya no merece. En realidad, es el país con la más alta manufactura de armas per cápita del mundo, por encima incluso de Israel. La mayor parte de sus políticas progresistas que marcaban el modelo del estado del bienestar de los años 60 ya no existen.

En la década del 2000, Suecia rompió con dos siglos de neutralidad cuando delegó a sus propios soldados al control de Estados Unidos en Afganistán. No tengo fe en que Suecia me proteja, ya que ya ha dejado atrás sus ideales para convertirse en un aliado férreo de los Estados Unidos, a espaldas incluso de su propia población.

Sabemos por los cables diplomáticos publicados por WikiLeaks que Estados Unidos ha entablado numerosos acuerdos informales para evitar el escrutinio del parlamento sueco. Por ejemplo, sacamos a luz que el gobierno sueco permite que Estados Unidos de América acceda a los datos privados y a las comunicaciones de la población sueca, sin que esta decisión fuera siquiera planteada al Parlamento.

Los cables revelan que incluso dentro del mismo gobierno sueco no se conoce el alcance de la colaboración sueca con EE.UU., y que abrir la cuestión al Parlamento pondría en peligro acuerdos informales de compartir información existente, y resultaría en críticas al gobierno sueco, por parte de sus ciudadanos.

Suecia colaboró secretamente con la CIA al autorizar vuelos de rendición extraordinaria desde su país. En 2001 colaboró en el secuestro extrajudicial de dos personas que tenían asilo político en Suecia. Esas dos personas fueron transportadas a Egipto, donde se les torturó.

El Comité contra la Tortura de la ONU, entre otros, ha calificado de ilegal la conducta de Suecia. En cuanto a la cuestión de extradición, Suecia ha accedido a extraditar a todas aquellas personas que han sido solicitadas por EE.UU. desde el año 2000. Suecia fue uno de los pocos países que votó en contra de la inclusión de Palestina a la UNESCO, sin abstenerse.

WikiLeaks develó las prácticas violatorias de los derechos humanos en las guerras protagonizadas por EE.UU. y ha expuesto de lleno los secretos de la diplomacia norteamericana alrededor del mundo. Desde ese país hay voces que han sugerido que usted sea tratado como criminal de guerra. ¿Por qué ese país entonces no ha pedido también su extradición?

Es cierto que me han acusado de terrorista, espía de la Mossad, espía de la CIA, todo menos periodista, ya que saben que si me nombran por lo que soy estoy protegido por la Primera Enmienda. Pero de hecho tenemos conocimiento de que EE.UU. tiene la intención expresa de extraditarme a su país. WikiLeaks ha publicado que uno de los jefes de la compañía Stratfor, una empresa de inteligencia privada con sede en Austin, Texas, tenía información de una acusación sellada en enero de 2011.

Además sabemos a través de entrevistas con asesores del Departamento de Estado, además de entrevistas con los embajadores de los Estados Unidos de América, en Australia y en el Reino Unido, que Estados Unidos está negociando y haciendo cabildeo para que estos países accedan a mi extradición una vez se haya aclarado el caso sueco. Además sabemos que los Estados Unidos de América y Suecia han mantenido reuniones informales acerca de mi extradición tan pronto como el 8 de diciembre de 2010, así lo reportó el diario inglés The Independent.

¿Cuál ha sido la posición de su país natal, Australia, frente a WikiLeaks y Julian Asange en particular? ¿Siente que estaría protegido allí si decidiera radicarse allá?

La situación política en Australia es muy frágil y preocupante de momento. Hace tan solo unas semanas se desató una gran pugna de poder entre la actual Primera Ministra, Julia Gillard, y el anterior Primer Ministro, Kevin Rudd. La disputa terminó con la renuncia de este último, que ejercía el cargo de canciller. Pero lo grave de esta situación fue que el escándalo ocultó una enmienda a la ley de extradición. Esta ley facilita la extradición por delitos políticos.

El mismo embajador de EE.UU. en Australia explicó en una entrevista que Australia tendría que revisar sus leyes de extradición en relación a mi extradición a EE.UU.

Parece que el gobierno ha seguido los dictámenes del superpoder, y tienen la intención de sacrificarme a mí y a WikiLeaks al altar de la alianza estadounidense. Considero que Australia ya no me protegerá, menos con el actual gobierno y la primera ministra Gillard. Gillard me ha acusado de obrar ilegalmente, irrespetando el principio de presunción de inocencia.

Luego tuvo que admitir que yo no había violado ninguna ley en Australia a regañadientes. Aún así, el gobierno australiano ha enmendado una ley, ‘la enmienda WikiLeaks', que amplía los poderes de los servicios secretos australianos para que puedan monitorear a una ONG Australiana como es WikiLeaks, aunque no se nos acuse de nada.

Sin embargo, hay que decir también que he recibido numerosas muestras de apoyo de la población de Australia. Hace algunos meses ganamos el premio Walkley, el equivalente al famoso premio americano Pulitzer en Australia, por la ‘extraordinaria contribución al periodismo'. En 2011 fui galardonado por el Sydney Peace Prize por mi trabajo con WikiLeaks. Comparto este honor con personas que admiro mucho, como Nelson Mandela y el Dalai Lama.

Lo que pasó con este galardón, sin embargo, me provocó tristeza y asombro. A pesar de la importancia del premio, un premio internacional que da mi país de gran prestigio, la embajada australiana en Reino Unido se negó a ser la anfitriona de la gala de entrega. La embajada propuso que la Fundación de la Paz de Sydney alquilara un bar cualquiera para la gala de entrega de premios.

Esa desconexión es precisamente lo que me alarma en mi país: por una parte el apoyo de la población, de los periodistas y de los abogados de derechos humanos, e incluso del anterior primer ministro Malcolm Fraser, y por la otra la actitud hostil del gobierno y la mayoría de los políticos, que no toman una posición firme para proteger a su ciudadano ante la ira del complejo militar-industrial de Estados Unidos. Es por tal brecha, por tal desconexión, que anuncié mi intención de postularme como candidato al senado de mi país en 2013.

Se ha creado la idea de que WikiLeaks busca principalmente enfrentar al Pentágono. ¿Es esa en verdad la razón de ser de WikiLeaks?

Este es uno de los ataques que carecen de fundamento. El material que ha publicado WikiLeaks desde 2006 concierne a cada país del mundo. Son cables diplomáticos y no hay ningún país que no se haya visto afectado por esa revelación. Desde el 2006 hemos publicado documentos de Reino Unido, Alemania, China, Cuba, Perú, Venezuela, Colombia, Irán, Somalia, Kenia, y otros muchos países. La acusación de que WikiLeaks sea una organización antagónica al Pentágono es una táctica.

Ni WikiLeaks ni Amnistía Internacional, por mencionar otra organización que persigue los mismos objetivos de justicia y transparencia, consideran que el Pentágono se encuentre exento de rendir cuentas a la población. Tiene que rendir cuentas a su propia población y a aquellas poblaciones donde está liderando una guerra.

A través de las grandes revelaciones de los documentos de Irak, sabemos que el ejército estadounidense estaba contabilizando las muertes de los civiles, aunque decían públicamente que desconocían los números: más de 100.000.

Si revelar crímenes de guerra y muertes de civiles inocentes a esta escala constituye a los ojos del Pentágono una afrenta, significa que los mecanismos democráticos en ese país han dejado de funcionar.

WikiLeaks es para muchos un referente de periodismo investigativo y más de un premio internacional les ha sido conferido por su actividad. Para otros en cambio, lo de WikiLeaks son solo filtraciones, más no periodismo. ¿Dónde radica el componente periodístico de WikiLeaks?

Usaré la misma pregunta como un ejemplo. Aunque mencionas que hay algunos actores que dicen que WikiLeaks no hace en realidad periodismo, no mencionan quiénes son ellos. Éste es un distractor utilizado por muchos periodistas. Eso es mal periodismo, el no nombrar a quienes afirman algo, ya sea porque al mencionarlos la afirmación pierde importancia o porque muchas veces nadie dijo lo que se afirma.

En el caso de WikiLeaks, quienes atacan verbalmente a la organización son o bien oficiales de los gobiernos o bien y, sorpresivamente, medios rivales. ¿Por qué se sienten como rivales dichos medios y ven a WikiLeaks como una competencia? Porque hacemos periodismo y hacemos mejor que el de ellos.

Los periodistas que toman una cámara para filmar una guerra son verdaderos periodistas, el periodismo no es garabatos de opinión, es encontrar, es ubicar, es extraer, es verificar, es seleccionar y presentar en un formato adecuado, con análisis completos, los hechos sobre el mundo, los hechos que pueden cambiar el mundo. WikiLeaks hace todo eso.

Los medios corporativos de comunicación hoy en día, con las nuevas tecnologías, tienen capacidad de crear opinión de acuerdo a sus intereses, como sugiere Chomsky. ¿Son un poder fáctico capaz incluso de someter a gobiernos?

La pregunta no es si los medios pueden controlar a los gobiernos o viceversa, puede que no haya diferencia entre ambos. La pregunta es cómo pueden las personas controlar a éstos.

Cuando los medios hacen su trabajo, éstos le dicen a las personas cómo las corporaciones y los gobiernos se comportan, sin ocultar verdades incómodas. Cuando un medio es corrupto, abusa de su posición de influencia y oculta información a las personas, o usa a las personas como un ejército personal en una lucha por sus propios intereses que no revela al público.

La mayoría, casi todas las organizaciones mediáticas grandes, están aquejadas por dicha distorsión, una corrupción institucional porque una vez que un medio crece y tiene suficiente poder, atrae a grupos poderosos que son capaces de controlar a las personas, entonces hacen tratos bajo la mesa para proteger ciertos intereses y para atacar a ciertos grupos.

Es por ello que es extremadamente importante impedir que los medios crezcan demasiado, y es por ello que la Internet ha sido un tremendo boom para la verdad. No porque todo lo que se publica en Internet sea cierto, sino por haber aumentado la barrera de entrada para que cualquier persona pueda publicar, para que miles de personas puedan publicar.

¿Está consciente de que removió el poder más sofisticado de los gobiernos: el secreto? ¿Cómo cambia eso el mismo espíritu del poder frente a la posibilidad de visibilizarlo desde la información?

Las organizaciones ocultan la información por una razón. Es caro dedicar recursos a ocultar la información y algunas veces la información se oculta con motivos que todos apoyaríamos en teoría, pero la mayoría de las veces la información es ocultada por una organización porque percibe que el público actuará en su contra si sabe lo que ha hecho o lo que está tramando.

Si es muy difícil para una organización, incluido un Estado, ocultar la información al público, es para ésta muy riesgoso proceder con un plan sucio, perpetrar una injusticia. Si se saca a luz los planes para llevar a cabo algo sucio o injusto, muchos de estos planes se pueden evitar. Porque una injusticia, una vez expuesta es lo opuesto y por lo tanto es muy poco probable que sea llevada a cabo o mucho más difícil para llevar a cabo.

Si los gobiernos no pueden hacer planes injustos, entonces los gobiernos solo pueden ser una herramienta para la justicia social. De forma similar las corporaciones, si es más fácil hacer un plan justo que un injusto, la mayoría de sus planes serán justos.

¿El material dado a los medios, con la información entregada, también no reveló la precariedad de los medios frente a lo que oculta el poder, o cierta complicidad de los medios con ciertos poderes?

Sí, encontré mucho de eso que menciona. Por ejemplo, en nuestra publicación de los cables diplomáticos, conocida como Cablegate, el periódico The New York Times avisó a la Casa Blanca que publicaríamos los cables diplomáticos aproximadamente dos semanas antes de que éstos salieran a luz por los grandes medios.

Lo que es más grave aún fue que este periódico cedió el control editorial por completo al gobierno, al Departamento de Estado, informándoles cada día antes de publicar qué cables en específico iban a salir.

Como resultado de dicha acción se suprimió y nunca se publicó una historia sobre el gobierno de los Estados Unidos y un escuadrón de sicarios dentro del Ejército, a pesar de que la historia ya había sido escrita por uno de sus reporteros.

Como éste, hay muchos otros casos, no solo fue The New York Times, El País redactó partes de los cables no para proteger a fuentes sino por razones políticas. Der Spiegel en Alemania censuró al menos un cable sobre Merkel y la guerra en Afganistán por razones políticas; The Guardian censuró cientos de cables, por ejemplo, que la Primera Ministra de Ucrania, Yulia Tymoshenko, ocultaba su fortuna en Londres y que la corporación Italiana ENI era corrupta.

Le Monde decidió no solo redactar sino además suprimir párrafos enteros de los cables diplomáticos sobre el África subsahariana. Es sorprendente además que un diario como The New York Times únicamente publicara 190 cables diplomáticos, menos de 0.08 del material revelado.

¿Es posible regular a los medios, sin afectar a la libertad de expresión? En Ecuador, por ejemplo, no ha sido posible todavía acordar una ley regulatoria de medios, porque se argumenta que regulación equivale a censura. ¿Es esto necesariamente cierto?

Los mercados deben regularse para mantenerse libres, de otra forma las grandes empresas se transforman en monopolios o duopolios. Esto pasa también con los medios. Cuando las corporaciones de medios crecen demasiado tienen mucho poder en el mercado de las ideas y tienen además la capacidad de abusar de dicho poder y distorsionar la información, información en la que la gente basa sus decisiones, en la que las personas confían.

Es cierto que si no se tiene regulación de los medios para estos actores poderosos, el día de mañana podríamos observar a una corporación de bebidas pagando al periódico local más importante, por ejemplo El Comercio o El Universo, para que éste publique una nota diciendo que el producto de su competidor contiene cianuro.

Sin embargo, aún con regulación, si un medio es grande y poderoso, está en la capacidad de colocarse por encima de la ley, por medio de sus conexiones y contactos, o que bien abuse de la legislación para afectar a la competencia.

Creo que el correcto acercamiento al tema es tener poca o ninguna regulación de los medios para individuos y pequeñas editoriales, y además romper los monopolios mediáticos y que éstos no puedan abusar de su posición dominante en el mercado.

Si no es políticamente viable romper con dichos monopolios, entonces su comportamiento debe ser regulado de una forma cuidadosa.

¿Cuáles son los principales elementos de la ley de medios que WikiLeaks promovió en Islandia y que han sido acogidos para su aprobación por el parlamento islandés?

La idea detrás de la Iniciativa de Medios Modernos presentada ante el Parlamento islandés es promover la industria de la Internet y la diversidad de los medios y por tanto la democracia a un nivel internacional, proporcionando protecciones y salvaguardas para publicaciones como WikiLeaks.

Esto se hace de distintas maneras, haciendo más fácil el registro de una organización de medios extranjeros, haciendo el requerimiento legal de que los periodistas protejan a sus fuentes, proporcionando legislación que proteja y prevenga la destrucción de material que ya ha sido publicado y los archivos históricos, y dando un premio anual a la libertad de expresión.

Está diseñada para proteger el periodismo investigativo real, como opuesto al periodismo capitalista. Está diseñada a proteger un periodismo como el de WikiLeaks de los abusos del sistema legal que las compañías usan para parar a los periodistas de investigación.

El mayor ataque a WikiLeaks de momento se ha perpetrado no directamente por el gobierno, pero por bancos y corporaciones hay más de cien ataques legales de momento. En su mayoría son instituciones financieras. Muchos periodistas han dejado los Estados Unidos para evitar ataques de las corporaciones a sus trabajos, por ejemplo en otros países pasa también que los periodistas se van al exilio para poder publicar o por lo que han publicado.

Como repercusión directa de WikiLeaks en Ecuador se expulsó a la Embajadora estadounidense. ¿Qué opinión le merece una reacción así?

Antes de que Ecuador tomara la decisión de expulsar a la embajadora estadounidense fueron expulsados diplomáticos de México y de Libia. De la evidencia contenida en los cables diplomáticos parece ser que estos funcionarios decían una cosa a sus contactos locales o con las personas con las que almorzaban y otra muy distinta cuando enviaban sus reportes a Washington. Por lo tanto, no es una sorpresa que el gobierno de Ecuador perdiera la confianza en la Embajadora, en dichas circunstancias.

En lo personal, difiero con la decisión de expulsarla porque creo que habría sido una mejor estrategia quedarse con “el diablo conocido”.

¿Qué opinión en general le merecen los procesos de cambio que ocurren en gran parte de Latinoamérica en la última década? ¿Conoce algo de lo que sucede en Ecuador, en particular?

He observado la fortaleza que crece en términos de cohesión y cooperación Sur – Sur, democratización, y ahora el liderazgo latinoamericano es reconocido en la escena internacional. Sobre Ecuador, es un país que está implementando medidas para reducir la pobreza y la desigualdad y eso es positivo.

Usted prepara un programa de entrevistas para la TV. ¿Cuál es el perfil del mismo? ¿Lo podremos ver en Latinoamérica?

Sí, estoy filmando un programa que explora hacia dónde va el mundo en el futuro, utopías, desarrollos técnicos... Para ello he entrevistado a los más brillantes o de más impacto personas de distintas partes del mundo. Entre las personas que he entrevistado se encuentran desde pensadores como Noam Chomsky hasta el presidente de Túnez, por mencionar a algunos.

Julian Assange se convirtió en un icono moderno del activismo contestatario. ¿Cómo observa este activismo en las nuevas generaciones, en los jóvenes latinoamericanos?

Vivimos en el mundo que nuestros sentidos perciben. Nuestros límites son los límites de nuestras percepciones. Esta generación sabe más que ninguna otra generación jamás. Sus acciones eclipsarán a todas las generaciones pasadas. Para cambiar el mundo en el que vivimos, observamos, pensamos y actuamos. Para observar, abrimos nuestros ojos.

Para pensar, abrimos nuestras mentes. Para actuar, abrimos nuestros corazones al coraje, a la valentía. Nuestros ojos nunca antes han estado tan abiertos. Nuestras mentes nunca antes han sido tan ágiles como hoy. Y nuestro valor, nuestro coraje, se está esparciendo como un virus.

jueves, 19 de enero de 2012

El desafío de Rafael Correa




El Mandatario ecuatoriano está más enfundado que nunca en su misión: cambiar al país. Cada frase, acción y gestión se mueve en ese eje. En la entrevista que concedió a El Telégrafo afronta esa reflexión y mira hacia adelante. (Publicada el 15 de enero de 2012, al cumplir 5 años en el poder)



Por Orlando Pérez

Su despacho está aclimatado y luce muy iluminado. Reclinadas a su izquierda hay varias fotos. La que se destaca por delante de todas es la de su ex guardaespaldas John Merino, quien murió por efecto de la llamada gripe porcina, según algunos, por entregarse por completo al trabajo y no atenderse oportunamente. En otra está con su hijo Miguelito, en otra más, con su esposa e hijas. En todas hay un Rafael Correa tierno y afable, como si lo más importante fuese quien está a su lado.
Tiene varios libros apilados a sus espaldas. Entre ellos hay tres ejemplares de la útima edición del suyo: “Ecuador: de Banana Republic a la No República”. Lo comentamos mientras me regala uno. Y al mencionarle el libro del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, Las tensiones creativas de la Revolución, abre los ojos y se da la vuelta: con emoción me indica uno que está en su maletín (ese que siempre lleva y lo acompaña, pero que ahora, a diferencia de cuando lo conocí en unos seminarios de la fundación Esquel, hace más de siete años, ya no se lo ve en sus manos).
Se trata de “El nuevo topo”, de Emir Sader. Es un texto que habla del proceso de cambio de América Latina de la última década. Y menciona a Correa y al Ecuador. Me lo recomienda y dice que es una gran obra para entender el momento que vivimos en el continente.
Sader, en una entrevista, cuando le preguntan ¿Qué país en América Latina ve con proyectos más consolidados?, responde: “Ecuador y Bolivia, que tienen procesos más orgánicos, más equilibrados entre la transformación social y la del Estado”.
Correa está en su despacho enfundado en su misión. No para un minuto y apenas tiene tiempo para leer con calma esos libros. Debe leer muchos documentos e informes, firmar papeles que deciden el destino de millones de ecuatorianos.
Cinco años después su mirada es la misma, pero hay algo en sus gestos que revelan que Correa no está comprometido con un plan idealista y menos solo con un sueño: está metido en una lucha y con una obsesión: cambiar al Ecuador. Y lo enfatiza varias veces: “Un cambio cultural es lo que nos hace falta, y eso no es fácil”.
Para nosotros, sus contemporáneos, tampoco es fácil entender cómo lo va a hacer, pero él replica: “Lo tenemos que hacer todos, en cada una de nuestras tareas y responsabilidades”.

En la entrevista, que en las siguientes páginas se transcribe, deja entrever que hay cosas de las que se siente insatisfecho y hasta decepcionado, quizá porque no tiene eco y otras porque sus colaboradores se han demorado mucho en ejecutar lo que se pudo hacer en menos de un año. Pero también está convencido de que esta es una revolución y se siente orgulloso de liderarla.

“Somos expresión de la indignación de los ecuatorianos”

¿Por qué el proyecto que usted preside es una revolución?
Este es un proyecto alternativo. Lo definimos como un cambio radical, profundo y rápido del sistema vigente, pero insisto, teniendo un sistema alternativo. Muchas veces no se puede tener todas las cosas claras. Se tiene que hacer camino al andar, pero con los principios claros de lo que se puede hacer. No se trata solo de oponerse por oponerse, cambiar por cambiar. La pregunta es: ¿cambiar hacia dónde? Tiene que ser hacia algo mejor, y eso es lo que está sucediendo en Ecuador.

¿Y por qué todavía no es una revolución ciudadana?
Yo creo que sí es una revolución ciudadana. Ha sido la voluntad de los ciudadanos, fueron los indignados los que nos trajeron aquí. Ecuador se indignó mucho antes que el resto del mundo. Y gracias a esa indignación, a los forajidos, el decir basta a tanta destrucción, se generó el gobierno de la Revolución Ciudadana. Si usted mira los gabinetes itinerantes y la participación de la gente en muchas acciones, le puedo asegurar que esta es una revolución de los ciudadanos.

¿Cree que el “Club de Tobi” es el que quiere gobernar el país?
Gran parte del “Club de Tobi” continúa en el Gobierno. Ahí está Fander Falconí, Augusto Barrera, Javier Ponce, quien le habla, por supuesto, y todos rendiremos cuentas a la historia. Estoy de acuerdo con que exista lugar para disentir, para criticar, pero tratar de desestabilizar, obstruir, hacer fracasar a este gobierno, jamás. ¿Cuál es el objetivo? Lo que están haciendo es a favor de los grupos de derecha que tanto daño nos hicieron. Aquí no esperamos que mande el “Club de Tobi”, queremos que manden las grandes mayorías en procesos democráticos. Esencial en ese proceso son los programas que se han presentado al escrutinio del pueblo.
Le digo esto porque algunos contradictores ahora dicen que ya no es de los ciudadanos, sino solamente del Presidente...
La mediocridad ha llegado hasta el punto que ha satanizado hasta el liderazgo. ¿Usted me puede decir de algún proceso en el mundo que no haya tenido un liderazgo fuerte? Este Gobierno ha sido mucho más participativo, con equidad de género, gabinetes itinerantes, socialización de leyes, la misma elaboración de la Constitución de la República, con todos los espacios de participación y en jornadas extenuantes, el Presidente recibiendo a todos los estamentos, gremios, alcaldes, visitas a cada rincón del país.
Para Gustavo Larrea, quien es el que dice esas cosas; y para Alberto Acosta, participación es que nosotros ganemos elecciones y decidan ellos. A ellos les tengo la mala noticia: mientras yo sea Presidente, aquí va a prevalecer la voluntad del pueblo ecuatoriano, el programa de gobierno votado en las urnas; y no los caprichos de los que nunca han ganado media elección. Nos pueden acusar de cualquier cosa, menos de incoherentes: hacemos exactamente lo que propusimos al pueblo ecuatoriano y lo que este aprobó mayoritariamente en las urnas.

Tras cinco años, ¿cuál cree que es el factor real emancipador de la Revolución Ciudadana?
Nosotros somos la expresión de la indignación de la gente, y esa indignación tenía que sentirse correspondida y útil. Creo que eso hemos logrado. Si usted me pregunta cuál es la principal obra del Gobierno, respondería: hemos logrado superar esos complejos a los que tanto tiempo nos condenaron la prensa, los estamentos, las élites y hasta ciertos grupos eclesiásticos, de que éramos inferiores al resto, de que así nacimos y así vamos a morir, de que somos los más perezosos, los más corruptos. Un ejemplo concreto: carreteras. ¿Quién se iba a imaginar que Ecuador podía tener las mejores carreteras de la región? Ya era un destino ineluctable, una ley física, que nosotros no podíamos tener buenas carreteras. Eso es uno de los grandes descubrimientos. Yo, como economista, sé que la infraestructura es fundamental en el gran desarrollo, que la infraestructura es importante. Lo que nunca me imaginé era el efecto en la autoestima de la gente. Por lo tanto, hemos recuperado esa fuerza interior, esa voluntad de cambio, de victoria, que es fundamental para que los pueblos salgan adelante.

¿Cómo le suena la siguiente frase al Presidente: La Revolución Ciudadana mató a la partidocracia, pero todavía asiste a su duelo?
Yo creo que tiene mucha razón. Lo peor que podemos hacer es caer en el exceso de confianza. Hemos cambiado la relación de poder, pero ese otro poder, la partidocracia, todavía sigue vivo, debilitado pero vivo. Ya no controla el país, pero existe y al menor descuido puede retomar su poder. Esa clase política que teníamos está tremendamente debilitada, pero de repente los medios generan una mentira creíble, nos desestabilizan y esa partidocracia puede volver al poder. Ese es un desafío. Sé que en nuestro gobierno no vamos a resolverlo todo. Este proceso requiere de diez o quince años. Dios quiera que continúen gobiernos sucesivos de la Revolución Ciudadana.
Muchas veces se le escucha hablar de que no es un político, ¿qué le impide todavía definirse como tal después de cinco años de hacer política desde el poder?
Yo siempre he sido político, si define político en su forma etimológica, es decir: buscar el bien público. En ese sentido creo que todo ciudadano tiene el deber de ser político. La política, peyorativamente entendida en el Ecuador, es terrible y yo la rechazo. Para mí, la política es servir, independientemente de lo que logre o no logre. Si no logré servir, si no logré cambiar nada, fracasé totalmente en política.

¿“Política” está dejando de ser una mala palabra?
Nunca fue una mala palabra. La estigmatizaron los politiqueros de aquí, la destruyeron; y ese es uno de los retos: rescatar la validez de la política.
¿Qué aprendió de bueno, o qué hay de bueno en la política o haciendo política durante estos cinco años?
Esa disposición de servir, siempre lo dijimos. Uno puede servir desde cualquier rincón, desde cualquier lugar, pero no nos engañemos: aquí hay injusticia estructural, siempre habrá desfavorecidos por la naturaleza, discapacitados, gente que necesite de la solidaridad de uno, del cariño, del acompañamiento, pero esa inequidad, esa injusticia social económica es estructural; y para cambiar eso se necesita cambiar el poder. No nos engañemos, yo puedo hacer fundaciones, apostolados y muchísimas cosas, pero tan solo va a sostener un sistema tremendamente excluyente si la sociedad siempre quiere beneficencia, caridad. Lo que es intolerable son los pobres socioeconómicos. Y para remediar esa pobreza intolerable tenemos que cambiar estructuras; y para cambiar las estructuras se necesita un poder político.
Presidente, en cinco años usted insiste regularmente, y me parece que ya ha calado mucho en el imaginario de la gente, que no puede haber un cambio cultural en cinco años, profundo, transformador, de un día para el otro.

¿Qué ha frenado en cinco años ese proceso de cambio cultural y cómo están dadas las condiciones para que ese cambio ocurra en los próximos años?
Yo creo que sí hay un cambio cultural. Le decía hace un momento: hay que recuperar la confianza en nosotros mismos, el no tener ese derrotismo histórico, de que no podemos salir adelante. Eso ya es un cambio cultural, pero falta avanzar mucho más. Muchas veces ese cambio cultural se acelera por graves acontecimientos que, Dios no quiera, pasen en el país, como las guerras mundiales que hicieron cambiar radicalmente ciertas sociedades. Entonces es un proceso donde tiene mucho que ver la educación, el liderazgo, la religión. La cultura está tremendamente condicionada por la religión. Si hay una religión que te dice: “Yo nací pobre y moriré pobre, porque después en el paraíso seré rico y voy a vivir feliz, porque así Dios me hizo y todo depende de Dios y nada de mí”, se inmoviliza. Son esas cosas las que tenemos que cambiar. Y para ello hace falta un proceso político y un proceso que hay que acelerarlo.
Cada vez estoy más convencido de que necesitamos una segunda etapa; en una segunda etapa la relación de poder será distinta. Eso implica, en términos económicos, mejor asignación de recursos. Si antes iba todo a la deuda, ahora va todo para educación, salud, etc. Pero ahora viene una segunda etapa. El desarrollo, el punto de partida fundamental es que cambie la relación de poder. No es un problema solamente técnico, pero también es técnico. Y ahí viene lo de cultura: buscar la eficiencia, la responsabilidad, hacer las cosas extraordinariamente bien.
Estoy convencido de que los países que han logrado el éxito son los países donde el lustrabotas, el conserje y hasta el gerente general de la compañía hacen las cosas extraordinariamente bien. Eso se llama cultura de la excelencia.

“Hay gente que era de la CIA que ahora sigue conspirando”

¿Qué le impediría a usted ser reelecto presidente?
Que haya otra persona de Alianza PAIS que garantice de mejor manera la victoria electoral. Ahí me haría a un lado. Estoy bastante cansado, mi familia se ha sacrificado muchísimo. Lo que menos pretendo es ser indispensable. Todos somos necesarios, pero nadie indispensable.

Si Lenín Moreno ya no será su compañero, ¿su binomio será una mujer, indígena y joven?
No especulemos de las especulaciones. Primero habrá que definir si voy a la reelección o no. Y por supuesto que sería interesante un binomio con una mujer joven que represente todo lo que busca la revolución ciudadana, grupos siempre excluidos, indígenas, un afro, mujer por equidad de género, juventud, pero no siempre se puede encontrar el candidato ideal.
¿Siendo este año de elecciones, cuál será el eje movilizador de su campaña?
Hemos dicho que se van a priorizar varios aspectos, la revolución vial, educativa, salud, seguridad. Ya se están viendo los frutos de todo lo que hemos sembrado estos últimos años. Este año haremos 425 UPC, está en prueba el sistema integrado de seguridad más moderno de toda América Latina y es impresionante realmente. Algún rato vaya y vea La Puntilla. Hemos dicho que este será el año del talento humano, la ciencia y la tecnología. Y estamos poniendo mucho énfasis, porque creemos que sin eso no habrá futuro. Será la evaluación de las universidades, la ciudad del conocimiento y fomentar los recursos para laboratorios de investigación.

Usted varias veces ha dicho que se va a radicalizar la revolución. ¿Este será el año para eso?
Para radicalizar esa revolución tenemos que seguir con ese cambio de poderes en función de las grandes mayorías que dependen básicamente de la acción política del Gobierno. El complemento, lo necesario, es el cambio cultural, la cultura de excelencia depende de todos los ecuatorianos.

¿Cuál es el momento más crítico vivido durante estos cinco años?
Han habido muchos. Recuerde que a los nueve días de asumir el mando, en un trágico accidente, murió Guadalupe Larriva y su hija Claudia de 15 años, y cinco soldados de la Patria. Después vino lo de la Angostura, cuando encima nos quisieron involucrar con las FARC, y luego obviamente el 30 de septiembre y hasta ayer (el jueves pasado) la renuncia del ministro de Salud, un queridísimo amigo. Son cosas duras. Pero probablemente el más crítico fue el 30 de septiembre, sobre todo cuando supimos que balas asesinas mataron a cinco ciudadanos, uno de ellos civiles y cuatro uniformados.

¿Y el momento más emotivo?
Ahí tenemos muchos, pero el peor error en el que podemos caer es el exceso de confianza. Y hay muchas cosas irreversibles. E insisto, cada día nos levantamos pensando qué se inventó la prensa. Mire lo que sacó el Washington Post, un poco menos que aquí hay un dictador loco, manipulando la justicia. Hay gente conspirando y cara dura, los jefes de inteligencia que descaradamente trabajan con la CIA siguen conspirando y manejando círculos.

“Aquí han querido privatizar hasta la libertad de expresión”

Algunos analistas creen que en este proceso, al no tener enemigos políticos claros usted escogió a la prensa como contradictor político.
En primer lugar no es cierto. Alguna gente me sobreestima y piensa que yo estoy calculando todo, y no es cierto. Sinceramente estoy convencido de que la prensa es uno de los poderes fácticos más grandes de Ecuador y de América Latina, y planetarios. Son empresas con fines de lucro que proveen un bien fundamental: la información. Y más aún, no son 500 empresas, a nivel nacional son 4 ó 5 diarios, 6 ó 7 canales, son oligopolios manejando la información.
Son grupos con tremendo poder social y económico. Y en el caso ecuatoriano claramente han abusado de ese poder informativo. Entonces estoy convencido de que son un grave peligro para la democracia y estoy determinado por el bien mío y de las futuras generaciones a poner límites a los abusos de poder que han cometido ciertos negocios dedicados a la comunicación.

La libertad de expresión también es una suma de derechos. ¿En su criterio, cuáles privilegia a la hora de defender la libertad de expresión de los ecuatorianos?
Ese es un falso dilema. Toda libertad tiene límites y están claramente establecidos. Incluso, en los instrumentos internacionales se fijan los límites a la libertad de expresión: la honra y reputación de las personas, que también son un derecho humano, y la seguridad nacional. Pero aquí, enarbolando la libertad de expresión, manipulando y tergiversando ese derecho tan sagrado, quieren hacer lo que les da la gana. Mire el caso de El Universo: en nombre de la libertad de expresión están utilizando una mentira, cuando la libertad de expresión se debe basar en la verdad.
Entonces, yo privilegio la verdadera libertad, la que se basa en la verdad, porque no hay libertad sin responsabilidad. Aquí han querido privatizar hasta la libertad de expresión creyendo que se trata de un derecho solo de los dueños de los periódicos, cuando es de todos los ciudadanos.

A los medios públicos nos acusan de gobiernistas, de oficialistas...
Porque no me insultan, así que deberían insultar de vez en cuando al presidente (risas).

¿Qué deben ser para usted los medios públicos: críticos, investigativos, de servicio a la ciudadanía, reflexión, debate?
Todo aquello. Que cumplan su deber fundamental de comunicación social. Lo básico aquí es la comunicación social y los instrumentos son los medios de comunicación, en parte. Yo hago comunicación social con mi informe de labores cada sábado. En parte son los medios de comunicación, pero ¿por qué tienen que ser privados y con fines de lucro? Es más, por definición, si se contraponen sus intereses privados, a la comunicación social, van a privilegiar lo primero.
Entonces es bueno que haya medios públicos, sin finalidad de lucro, medios alternativos y comunitarios. Eso es democratizar la comunicación social y es acercarnos a la verdadera libertad de expresión. Y ¿qué espero de los medios públicos? Que cumplan a cabalidad ese rol de comunicación social, lo que dice usted: reflexión, opinión, crítica, investigación, pero no mentira, ni manipulación.
Hasta esa manipulación que se hace desde los medios en función de cierta religiosidad. Yo recuerdo cuando Facundo Cabral comentaba algo que le había sorprendido en uno de sus viajes: encontró a un hombre en un basurero y le preguntó dónde le gustaría estar y él dijo: “Aquí, porque aquí es donde el Señor me puso”. Él lo presentaba como algo bueno, ¡pero es terrible! Mata toda capacidad de superación, te condena a un conformismo terrible. Entonces, esa clase de antivalores culturales son terribles para el progreso y para el buen vivir. Entonces el cambio cultural es fundamental, pero no solo en ese sentido, de superar el inmovilismo, está también en la capacidad de organización.
En América Latina todo el mundo quiere ser capitán y nadie marinero. Todo el mundo dice que lucha contra la corrupción, y cuando ocurre algo dicen “metan preso a todo el mundo menos a mi familia, a mis amigos no”. Resulta que todo delincuente tiene familia y amigos. Entonces, el capital cultural es sumamente importante.
Y por último está el capital social, eso es básicamente tener un proyecto nacional, porque de qué sirve tener 14 millones de genios halando cada uno para su lado. Ejemplo de lo que digo, Rusia, en los años 90. Tenían ciencia y tecnología, tenían gran talento humano, pero se destruyó su capital social y decreció un 30% su PIB.

“No hemos podido cambiar el modelo de acumulación”

¿Por qué no se pudo reducir más la pobreza de lo que ya ha bajado? ¿Es por falta de recursos, calidad del gasto o un fenómeno crónico que el Gobierno no lo podía lograr?
Es cambiar las estructuras y eso es tremendamente duro. Hemos avanzado y creo que el país va en la dirección correcta. Poco a poco seguiremos avanzando. El país es como un barco gigantesco que de cierto modo va hacia un iceberg y mientras más grande es el barco más rápido llegará al iceberg, lo que hace más difícil cambiar de dirección.
Hemos logrado enrumbar al país en la dirección correcta, pero ahora es necesario tomar velocidad de crucero, y lo más difícil ha sido cambiar esa relación de poderes y esperamos que la disminución de la pobreza se acelere aún más, pero no vamos a olvidar que nuestras economías son aún vulnerables; y es un éxito estar entre los cinco países que más han reducido pobreza en América Latina según la Cepal, un éxito que hemos logrado teniendo de por medio una tremenda pobreza económica a nivel mundial desde el año 2008 y comienzo de 2009.

En su libro (Ecuador: de Banana Republic a la No República) dice que “la verdadera estabilidad económica es lograr el máximo de crecimiento y empleo productivo sostenibles en el tiempo. Para ello se necesita el incremento de fuerzas productivas internas de acumulación y progreso, es decir, los llamados recursos productivos”. ¿Ocurrió esto en estos cinco años en el Ecuador?
En la economía ortodoxa los recursos productivos son tres: cantidad de trabajo humano, cantidad de capital físico -que no es un recurso, sino una consecuencia- y recursos naturales.
La historia del siglo XX se encargó de pulverizar esa teoría porque muchos de los países que tuvieron éxito no tenían ni recursos naturales, e insisto, el capital físico era una consecuencia de la acumulación, y tenían poco trabajo humano. ¿Cuáles son los países que tuvieron éxito en el siglo XX? Los que acarrearon más talento humano, calidad, ciencia y tecnología, pero eso no es suficiente. Tú puedes tener un gran talento humano, ciencia y tecnología, pero si no hay un proyecto común, todo el mundo halará para su lado.
Entonces, se requiere un proyecto común y una cultura de excelencia, me refiero sobre todo a capacidad y conocimiento, hacer las cosas bien, asumir responsabilidades; y estamos tratando de desarrollar talento humano, ciencia y tecnología, y un proyecto nacional.

Si hacemos un balance de esos recursos productivos en el Ecuador, ¿en qué nivel estamos?
Una revisión resumía que son siete los pilares del desarrollo -algo sobre lo que escribiré algún día-, pero creo que son tres los recursos deseables: es deseable tener capital físico, como consecuencia de la acumulación, porque no es que naciste con tractores, carreteras... Es deseable tener mucha gente en condición de trabajar, pero no es indispensable. Es deseable tener recursos naturales, aunque Alberto Acosta dice que es una maldición, lo que a mí me parece una barbaridad porque es como todas las cosas, las puedes utilizar bien o mal. Todo el mundo habla de que el turismo es el futuro del país; bueno, usted puede atraer más turismo, pero puede ser una maldición, ¿me explico? Todo puede ser malo o bueno, depende de cómo lo utilices. Creo que esas cosas a lo sumo son deseables, ¿pero cuáles son las bases para el desarrollo?: el conocimiento la ciencia y la tecnología, esa es la base del futuro.

¿Y cómo está el Ecuador en ese aspecto?
Hemos duplicado la inversión, pero no llegamos ni al 0,5 del PIB cuando la Unesco recomienda al menos el 1% del PIB. ¿Capital institucional? Se puede tener gran recurso humano pero si existe un igualitarismo a ultranza, si independientemente del sacrificio y el esfuerzo todos tienen la misma recompensa, jamás serviría; y el otro extremo, el exceso de individualismo mata a la sociedad. Entonces hay que tener la correcta conjunción entre potenciar las capacidades individuales sin destruir a la sociedad, ese es el desafío del socialismo del siglo XXI. La cultura es fundamental, porque hay culturas que te alientan y hay culturas que te condenan.
La clase media y popular están en mejores condiciones, es indiscutible, pero los ricos también están mucho mejor.

De ser así, ¿querría decir que la matriz estructural no ha cambiado mucho?
El modelo de acumulación no lo hemos podido cambiar drásticamente. Básicamente estamos haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación, antes que cambiarlo, porque no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero sí es nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa.
En todo caso, aquí nadie ha inventado el agua tibia, estamos aplicando todas las medidas, tal vez nos falta profundizar algunas para lograr una sociedad más equitativa, pero el que más tiene, más paga; es decir, hay un sistema tributario progresista en el que hemos avanzado muchísimo, porque con ese ingreso se financia la igualdad de oportunidades: educación, salud, etc.
Hemos mejorado en forma cuantitativa, pero aún nos falta en forma cualitativa, que no es fácil, depende del cambio cultural, y no es la labor de un Gobierno, sino de 14 millones de ecuatorianos. Como pasó ayer en el hospital Baca Ortiz, con los fondos rotativos. Le pregunto al administrador: ¿por qué han puesto fundas de basura en las ventanas y no compraron cortinas con los fondos rotativos? y me dice que “los fondos rotativos son solo para medicinas”. ¿En dónde está eso?, es solo un invento, para no hacer nada. Entonces se requiere un cambio cultural para haya realmente igualdad de oportunidades, calidad de la educación, acceso a salud, etc.
También hemos pasado del capital al trabajo. Se han eliminado muchas formas de explotación, como la tercerización, los contratos por horas y ha crecido la afiliación a la seguridad social. Hemos disminuido el desempleo mejorando la calidad de empleo, lo cual contradice toda receta neoliberal que mencioné antes.
Y hay algo que ha pasado desapercibido, la forma de repartición de utilidades, somos los únicos en América Latina. Decimos que el salario mínimo es eso, un mínimo, para evitar males mayores como el desempleo, pero no es justo. Un salario justo, por decir algo, sería unos 350 dólares, entonces nadie puede declarar utilidades hasta que el último de los trabajadores tenga ese salario digno. Es decir, una empresa, para sobrevivir, puede pagar el mínimo, pero no va a declarar utilidades hasta que todos hayan ganado el salario digno. Eso significa repartir el 100% de las utilidades hasta alcanzar ese salario, es un poderoso instrumento para lograr la equidad.
Todavía nos falta el cuarto elemento para lograr equidad, que es la democratización, la mejor distribución del acervo social. Todo estaba hecho para perjudicar a los más pobres. Ejemplo: las playas y bahías son del Estado, pero se concesionaron a los ricos para que pongan camaroneras y, en la isla Puná, ni siquiera contrataban a los lugareños.
La pesca de arrastre: 17 familias con barcos que tienen toda la pesca y los 20 mil pescadores artesanales se quedaban sin peces.
El acceso a la tierra: queremos garantizar no solo acervos públicos sino acervos privados, con acceso a la tierra, al agua y a la propiedad de las empresas, como hemos hecho con las empresas que estaban en manos del sector público, pero sin duda hace falta mucho más.

¿Qué le revela a usted, como Presidente y economista, el siguiente dato: en el 2000 había 42 bancos que manejaban 7.500 millones de dólares y en 2011, 20 bancos manejan entre 16 mil y 17 mil millones de dólares?
Eso es porque la economía ha crecido, y es bueno. No es saludable que haya tantos bancos pequeños o tres o cuatro bancos inmensos.

¿Cuál es la cantidad adecuada?
Eso depende de cada realidad, pero en principio, a ojo de buen cubero, que existan 42 bancos en una economía como la nuestra era una barbaridad, 20 es una cantidad razonable, y en buena hora que esos 20 manejan mayor nivel de recursos porque la economía ha crecido.
El sistema financiero es fundamental para la actividad económica, y no porque la maneja, sino porque encauza la riqueza generada por la sociedad. Su estrategia fundamental es captar ahorro y encauzarlo a la actividad productiva; el propósito es que lo haga de la forma más eficiente. (OP)

miércoles, 27 de enero de 2010

“El proceso de la Constituyente pudo ser mucho mejor”


ENTREVISTA AL ECONOMISTA RAFAEL CORREA, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR
Quito, 31 de diciembre de 2008
OP: Presidente, la Asamblea Nacional fue el hecho político más trascendente más importante del año, según las encuestas y también desde el punto de vista de mucha gente, por los resultados del referéndum fue la punta de lanza del proyecto de la Revolución Ciudadana que usted encabeza y que desarrolló desde el año 2006. Al mismo tiempo, la Asamblea marcó el momento cúspide del cambio, pero a su vez su realización ¿fue lo que pensaba?, ¿fue así como la esperaba? Yo tengo la sensación de que no lo dejó muy conforme, de que las expectativas estaban por encima de los resultados. Quizás agregaría algo más: fue su mayor dolor de cabeza durante ocho meses.
RC: La Asamblea Constituyente como dijimos en la propia campaña, era el principal instrumento para ratificar, para consolidar la Revolución Ciudadana. Creo que así ha sido en gran medida, pero usted tiene razón: tuvimos una oportunidad histórica que nos dio el pueblo ecuatoriano. Ganamos esas elecciones con más del 70%, tuvimos mayoría absoluta en una Asamblea de plenos poderes. Si hubiéramos utilizado el método que utilizaba la partidocracia, el método del cociente, hubiéramos tenido más de 100 asambleístas, pero tuvimos 80 de 130. Tuvimos una oportunidad muy grande que creo no la aprovechamos al cien por ciento, tal vez somos muy exigentes o perfeccionistas pero…
OP. ¿Qué faltó?
RC. Por ejemplo: visión política, coherencia con el proyecto. Cuando mucha gente que había participado y ganado las elecciones por el Movimiento País, se declaraba representante de organizaciones sociales. Creían que ser independientes era ir cada uno por su lado. Los medios de comunicación por supuesto, también incentivaban esto, que teníamos 80 borregos, 80 alza manos y se trataba de trabajar con las vanidades de las personas. Había criterios sumamente equivocados. Por ejemplo: guardar algo de organicidad, de visión política, era estar sometidos al poder Ejecutivo, cuando todos éramos parte de un proyecto. En la prensa se usaba mucho esto diciendo que concentrábamos todos los poderes y en realidad, lo que se llama oposición en otros países, yo lo tenía dentro del bloque País. Usted fue testigo presencial de largas madrugadas de discusión, donde muchas veces la postura del Presidente perdía. Nosotros éramos un grupo muy amplio, muy democrático. Pero ¿qué es lo que decía la prensa? que esto era dedocracia de Carondelet y créame que dentro del propio bloque tuvimos lo que en otro país, en cualquier otro país, se llama oposición. Entonces, sí se pudo haber hecho mucho más. Se hizo mucho, pero creemos que se pudo haber hecho mucho más con esa oportunidad histórica…
OP. ¿Pero de verdad fue un dolor de cabeza para usted?
RC. Sí. Sí, porque había una serie de iniciativas, totalmente desarticuladas, cada quien quería poner su impronta en la Constitución. Después de ganar las elecciones tuvimos varios talleres de formación con nuestros asambleístas. A uno de los acuerdos que llegamos era hacer una Constitución en base de principios, no una Constitución reglamentaria como la del 98 y resulta que al final tuvimos una de 444 artículos, la más larga en la historia del país y una de las más largas del mundo. Entonces se contradijeron muchas de las cosas que habíamos acordado. No eran cosas impuestas, que habíamos reflexionado juntos, que habíamos acordado juntos. Y se hicieron esas cosas muchas veces por vanidad, porque cada quién quería poner su impronta en la Constitución.
OP: En esos ocho meses que duró la Asamblea, ¿cuánto pesó en la gestión del gobierno, dificultó, tropezó o al contrario fueron hechos paralelos?
RC: Mire otro de los errores que se cometieron es que se tenía un programa muy estricto, la Constitución tenía que acabarse en cuatro meses, dos meses destinarlos a dictar leyes fundamentales complementarias a la Constitución. Al final nos demoramos ocho meses incluso había asambleístas que querían demorarse más y no se dictaron esas leyes. Entonces, sobre todo la última semana, nos consumió gran parte de nuestro tiempo.
OP: ¿La integración del bloque País reflejó lo que el propio movimiento quería y era, la necesidad de cuadros para una constituyente? ¿O la ausencia de representatividad obligó a contar con figuras que no necesariamente representaban a la ideología, a la idiosincrasia y el espíritu de País?
RC: Por supuesto que se cometieron errores y graves esos son de conocimiento público. Y también hubo mucho idealismo. En todo esto se gana experiencia. Por ejemplo: darles la oportunidad a muchos jóvenes. Nosotros siempre seguiremos aportando a la juventud, pero sí creo que se requería en algunos sectores mucha más experiencia, muchas veces se fue con falta de identidad, falta de pragmatismo a querer por ejemplo defender todos los derechos del mundo y no hablar de los deberes, etc. Entonces, si hubo asambleístas que en el transcurso de la Asamblea, insisto, reflejaban otra agenda, no la del Presidente de la República, no del gobierno nacional, la de nuestro proyecto político por el que había votado mayoritariamente el pueblo.
OP: Pero, ¿no se pecó de muy ligero a la hora de formar las listas?
RF: De muy democrático diría yo. Yo ni siquiera me involucré en eso. No me gusta. Creo que es donde se desatan las pasiones, las ambiciones y eso me desgasta tremendamente. Hubo mucha amplitud para las propuestas de las diferentes organizaciones sociales y eso fue un error. Estamos de acuerdo, fue un error y también por lo naciente de nuestro movimiento no teníamos cuadros formados, consolidados, entonces se tuvo que improvisar y nos costó cara esa improvisación.
OP. ¿Gustavo Larrea fue quien más asambleístas puso o impuso en las listas?
RC: Gustavo propuso algunos asambleístas, pero muchos sectores propusieron. Lo que le puedo decir es que el que menos propuso fue el Presidente de la República.
OP. Alberto Acosta me dijo que no había propuesto un solo nombre.
RC: Sí, no recuerdo que Alberto haya propuesto a nadie.
OP: ¿Los asambleístas de País estaban preparados para hacer una Constitución o estaban preparados para empezar un proceso político que podía llevar a hacer una Constitución?
RC: Puede que tenga razón. Si, algunas veces pienso que la Asamblea Constituyente fue tratar de jugar la final internacional interclubes con un equipo que apenas empezaba en un campeonato nacional. Entonces, insisto, sí hubo mucha apertura, se eligió un grupo muy heterogéneo representando a las organizaciones civiles, etc., que no estaban consolidadas con una visión política única, una agenda País sino que muchos tenían sus propias agendas. Probablemente estoy recordando los problemas, pero también es cierto que gran parte de la gente si estuvo a la altura del desafío.
OP. ¿Qué pensó del puñetazo de Trajano Andrade?
RC: Trajano es una persona que en estos momentos está separado de nuestro proyecto político precisamente por su comportamiento. Yo creo que estuvo muy mal.
OP: ¿Qué le pasó por la mente en el momento que vio esa escena?
RC: Como casi nunca veo televisión la vi mucho después, ya estaba preparado para lo que iba a ver. Obviamente, si lo hubiera visto ese mismo día me hubiera impresionado profundamente, pero creo que fue un desafuero injustificable de Trajano Andrade.
OP: ¿Por qué no le votaron ese momento?
RC: Porque eso le correspondía al bloque de asambleístas, no al Presidente de la República.
OP: ¿Hasta dónde estuvo de acuerdo o muy cerca de las posiciones de Rossana Queirolo y Diana Acosta?
RC: Ninguna de esas dos personas yo recomendé. Dicho sea de paso, se ha dicho falsamente que yo había recomendado a Rossana Queirolo, eso no es cierto. En todo caso, al principio hubo mucha novatada, con mucho idealismo, que si es un movimiento muy amplio, que ciertas personas han sido de la derecha ecuatoriana necesitamos sus aportes, pagamos derecho de piso. Ese es un grave error. En estas cosas hay que tener cuadros que sean consistentes con una visión política. Ese fue uno de los errores que cometimos. Probablemente en algunos principios morales que como católico practicante también mantengo, estaba de acuerdo con estas dos señoras o señoritas, pero luego en su forma, en su praxis política, en su forma de actuar, tuve que realmente también unirme a las críticas de las mayorías porque era prácticamente capricho o boicot interno lo que estas dos señoras hacían.
OP: Yo estuve en la reunión del 1 de marzo en el local de la Aduana en Manta, cuando ellas reclamaban de ese modo, yo le vi a usted cogerse de las manos, llevarse a la cara como asustado, conmovido. ¿Qué pasó ahí? Se puso las manos sobre la cara como diciendo…
RC: Porque me pareció un infantilismo terrible. Eso era lo que le comentaba hace un momento: nos ha dado el pueblo ecuatoriano una oportunidad histórica, tenemos una Asamblea con plenos poderes, con una mayoría absoluta para realmente transformar el país. Y tenemos poco menos que dos chiquillas caprichosas que si no se hacen lo que ellas dicen se van. Lo que sí es cierto, también lo dije hace un momento, es que había un gran sesgo, porque Mónica Chuji hizo lo mismo y mucho peor que estas dos señoras, pero a ella no se la votó porque pobrecita indígena, etc. Entonces, como las unas eran coloraditas había que censurarlas, sacarlas, porque no mantenían la visión del proyecto político, porque su comportamiento no era tolerable para la mayoría del bloque, pero lo mismo hacía Mónica Chuji y a ella si había que aguantarle todo porque era la indígena pobrecita. Eso tampoco es correcto.
OP: A propósito: ¿Mónica Chuji ya no es lo que fue para usted el 15 de enero del 2007?
RC: A Mónica Chuji no la conocía, la escogí por merecimiento, reunía muchas de las cosas que queríamos representar. Era representante de una minoría, mujer, joven y tenía grandes calificaciones académicas. Ni la conocía, la entrevisté, le propuse el cargo y resulta que todo marchaba de maravilla hasta que ella mismo me pidió ser asambleísta. Cuando no nos sometimos a todos sus caprichos de que el quichua sea el idioma oficial, de que el consentimiento previo. etc., resulta que éramos unos farsantes y siempre habíamos sido. Pero por qué no nos lo dijo antes de querer ser asambleísta por Acuerdo País. Mónica Chuji nunca estuvo con nosotros, entonces fue una gran hipocresía lo que hizo.
OP: Otro hecho que dicen le molestó fue la supuesta propuesta de cambiar el Escudo. Usted estaba en el exterior cuando llegó la noticia de que supuestamente Tania Hermida había propuesto el cambio del Escudo, de lo que me han contado cuando usted se enteró, se puso molesto, se preocupó más bien.
RC: Realmente yo no recuerdo ese hecho, pero créame que todo lo que he escuchado lo he recibido con beneficio de inventario, porque la prensa siempre tergiversa todo. Entonces no es que me preocupó mucho, no recuerdo ese episodio, puede ser. Yo sé como la prensa saca de contexto las cosas. Cuando salían esos supuestos escándalos hasta me reconfortaba un poco, porque decía: “si esto es lo único que nos pueden criticar quiere decir que vamos por el buen camino”
.
OP: ¿Rolando Panchana y César Rodríguez fueron sus mejores voceros dentro del bloque?

RC: No necesariamente, pero fueron personas muy leales y muy orgánicas, muy leales al proyecto.
OP: ¿O interpretaban sus criterios?
RC: Usted ha estado en las discusiones. Yo soy una persona muy amplía y discuto democráticamente, muchas veces mis puntos de vista fueron vencidos. Pero una vez que se toman decisiones hay que marchar por ese camino. El problema es que se tomaba una decisión y Mónica Chuji enseguida empezaba a pasar por celular a sus compañeros de Pachakutik, a la prensa, etc., para que nos creen presiones, para cambiar la decisión, etc. Creo que Rolando, mi amigo personal desde hace muchos años, y César tuvieron una actitud muy leal, no para el Presidente de la República, o no busco nada, sino para el proyecto político que encomendó el Ecuador.
OP: ¿Fernando Cordero se constituyó en el mejor apoyo al final, pero fue a lo largo del proyecto que usted descubrió en él a un hombre más identificado con el proyecto País que otros?
RC: Yo casi no lo conocía, antes de la Asamblea y durante la Asamblea. Ha sido una de las grandes revelaciones. Yo tengo el mejor de los concepto de Fernando: su visión política, su capacidad ejecutiva, su pragmatismo, su capacidad de análisis y poco a poco se fue ganando la confianza no solo del gobierno, sino de todos los compañeros del Movimiento País y del proyecto político. Finalmente se convirtió en un importantísimo instrumento para el éxito de la Asamblea y sacar adelante la propuesta por la que había votado el pueblo ecuatoriano.
OP: ¿Usted cree que él debió haber sido el Presidente de la Asamblea desde el principio?
RC: Pero por supuesto. Creo que con sobra de merecimientos lo era Alberto Acosta, pero creo sinceramente, con el cariño que le tengo a Alberto, que lo hubiera hecho mejor, porque Alberto se desgastaba en el debate, parecía que el fin era debatir por debatir. Si fuera por la cantidad de debates deberíamos tener la mejor Constitución del mundo. En cambio el Corcho fue mucho más concreto mucho más eficiente, a tal punto que el número de intervenciones casi no cambió. O sea la prensa no sacó y quiso dar la impresión de que se había implantado una dictadura. El promedio de intervenciones era el mismo 44 o 48 con la diferencia que con Alberto el 50% de esas intervenciones era para discutir el orden del día, con el Corcho Cordero era para discutir el punto del orden del día.
OP: Ahora veamos los nudos más complicados y vamos por el que menos implicaciones tuvo en la Constitución pero generó el mayor debate. El aborto, el matrimonio gay fueron temas bien complicados, el tratamiento no dentro de la Asamblea sino en el país en general es delicado y hasta prejuiciado, incluso usted en la inauguración en la instalación de la Asamblea dijo que si se aprobara eso, votaría por el no. ¿Qué paso con ese tema? ¿Por qué en el país se produjo tanto debate, que para la mayoría de gente no es relevante?
RC: Porque en un momento dado yo no llamé infiltrados, más bien se comportan como infiltrados. Yo no dije infiltrados, eso lo dijo la prensa. Pero, cuando esos temas estuvieron en la campaña política de País y no debería estar si son cuestiones de moral personal, no son cuestiones de programa de gobierno… Programa de gobierno cosas fundamentales más aún en un país como Ecuador, como el tratamiento de los recursos naturales. Pero el aborto, el matrimonio gay, cuestiones que están en la frontera de la moral y que son decisiones individuales, para mí ni siquiera deberían estar en un programa de gobierno. No es lo prioritario para una realidad como Ecuador y de repente empezaron a salir esos temas. Y es verdad: habían grupos que sin coordinación alguna, sin haber conversado, sin jamás haber estado en una propuesta de gobierno, en la propuesta para asambleístas, etc. empezaron a introducir esos temas. Por eso, yo en el discurso tengo que decir eso, creyendo todavía que un poco la autoridad moral que era la Presidencia de la República podía parar esas corrientes. ¡Qué equivocado estuve! Porque, como usted habrá escuchado después, parecía que el infiltrado era yo. Ellos eran los luchadores sociales 30 años trabajando y yo el improvisado de última hora. Entonces ellos tenían derecho hacer lo que les daba la gana y hubo un grupo leal y dos grupos que estuvieron ahí para impulsar esas cosas y ahí tuvimos que hacer una presencia política y un liderazgo muy fuertes para parar esa cosa que nunca estuvo en el programa de Alianza País, que no era por lo que había votado el pueblo ecuatoriano y que en lo personal tampoco compartía. Pero insisto, no es que quise imponer mi punto de vista, pero en democracia tenemos que hacer lo que el pueblo ecuatoriano manda y eso no era lo que le habíamos propuesto al pueblo ecuatoriano.
OP: Pero esa era la lucha de las mujeres, de los movimientos sociales...
RC: Pero, por qué no lo dijeron y lo discutíamos antes de presentar las candidaturas y si no estaban de acuerdo se lanzaban con ese programa de gobierno: aborto, matrimonio gay por otras listas. Pero, por qué aceptaron e incluso ellos mismos se propusieron para una candidatura dentro de País sin decir absolutamente nada al respecto y sacan esa agenda ya dentro de la Asamblea, eso no es honesto, no es legítimo.
OP: Consentimiento previo o consulta previa marcó otra visión de Estado, una distancia con un sector del bloque o con unos sectores sociales que habían luchado por ello. Por qué Rafael Correa se puso – estoy haciendo de abogado del diablo- del lado de aquellos que estaban no por el avance sino por una forma más mesurada, más medida, de apertura del tema.
RC: ¿Cuándo en la campaña electoral nosotros propusimos consentimiento previo? ¿Cuándo en la campaña para asambleístas se propuso consentimiento previo? Además, un estadista debe tener bien clara la diferencia entre sus deseos y la realidad. Yo quisiera tener pueblos ancestrales, gente común, con una responsabilidad muy clara y que sepan tomar las mejores decisiones. Seamos realistas: aquí hay la diferencia entre los que escriben sobre los indígenas y los que hemos vivido con los indígenas. Vaya y vea lo que pasa en la Amazonía. Por supuesto que han habido grandes abusos de petroleras, pero también los chantajes de siempre. Yo le puedo enseñar cartas donde dice: “Y nos opondremos con todas nuestras fuerzas, a toda explotación petrolera salvo que sea esta compañía”. Tengo que tener bien puestos los pies sobre la tierra. Si en estos momentos ocurren estas cosas imagínese cuando se daba consentimiento previo que 20 familias puedan decidir la construcción de una hidroeléctrica o el desarrollo de un campo petrolero. Se imagina la capacidad de presión que iba a tener esa gente. Tenemos que ser objetivos, no debemos engañarnos. La mejor manera de ayudar a esos que todos queremos ayudar, en principio nuestros pueblos ancestrales, los más pobres, es conociendo la realidad del país. Consentimiento previo hubiera sido la fórmula del desastre para inmovilizar el país y para ciertos grupos y dirigencias corruptas tener capacidad de chantaje.
OP: ¿Usted cree que debe estar ese tema en la Constitución?
RC: ¿Consentimiento previo? No, de ninguna manera, consulta previa sí.
OP: Los dos temas quiero decir, debió ser así tan específico en la Constitución o debía dejarse un principio nada más, de respeto a los derechos ambientales, humanos, etc.
RC: Bueno, está el principio de consulta previa que estaba en la Constitución anterior. Todos estamos de acuerdo con eso.
OP: El quichua como idioma oficial fue un debate tenso en su momento. Además, le digo una cosa, como testigo, nunca lo propuso Mónica Chuji ni Pachakutik, nunca vi una propuesta escrita ni en la Constitución de Pachakutik. Pero me queda latente una cosa: ¿por qué no le hizo caso a la Unidad de Análisis Político de la Presidencia, que había elaborado un informe favorable a eso?
RC: La Unidad de Análisis Político es un grupo de asesoría y tiene cierto sesgo también, que los conozco bastante bien. Pero en todo caso, yo le hago una repregunta: ¿Cuándo en nuestro programa de gobierno estuvo el quichua como idioma oficial? ¿Cuándo en los programas de los asambleístas estuvo el quichua como idioma oficial? De acuerdo al último censo solo el 5% de la población ecuatoriana habla alguna lengua ancestral. Qué bien le hacíamos al pueblo ecuatoriano imponiendo el quichua como idioma oficial para que los chicos de clase media de Guayaquil en vez de aprender inglés aprendan quichua. Si eso sacara de la pobreza al pueblo indígena a nuestro pueblo ancestral, le pongo diez veces el quichua como idioma oficial, debemos ser pragmáticos.
OP: Pero el informe de la unidad de análisis políticos decía dos cosas que me parecen interesantes, es uno es que en países como España, como los países de la ex Unión Soviética las lenguas originales al ser rescatadas fueron desarrollándose.
RC: Y quién dice que no estamos rescatando las lenguas ancestrales. Fíjese que la Constitución pone el aprendizaje de una lengua ancestral. Yo firmé un decreto hace algunos meses declarando un patrimonio intangible del Ecuador las lenguas ancestrales y poniendo presupuesto. Somos los que más hemos hecho para rescatar las lenguas ancestrales, pero otra cosa es poner al quichua como idioma oficial, lo cual significa que los decretos deben ser en español y quichua, lo cual significa que en las escuelas deben aprender español y quichua. Y cuánto nos iba costar esto y cuánto bien se le iba hacer al Ecuador, más aún cuando ya existe educación bilingüe. Es decir, en los lugares donde se habla quichua se enseña español y quichua, pero para qué le vamos a enseñar quichua al chico de clase media en Portoviejo, mejor que aprendan inglés.
OP: Pero el mejor ejemplo es Rafael Correa, guayaquileño, que estudió quichua en Zumbahua.
RC: Por eso tengo algo de solvencia moral para hablar de esto, porque yo sí estropeo un poco el quichua y aquí hay gente que se llena la boca hablando en función de los indígenas, del quichua como lengua ancestral, y en su vida han trabajado con los indígenas. Los que si hemos trabajado sabemos lo que necesita el pueblo indígena. Tampoco creo que tengo todas las soluciones. Insisto: si el quichua como idioma oficial sacara de la miseria al pueblo indígena tenga todo mi apoyo para que el quichua sea idioma oficial, pero lo que si va originar es un gran costo para la sociedad ecuatoriana y prácticamente ningún beneficio.
OP: Amnistía a Gustavo Noboa. Yo estuve en esa noche larga que terminaron como a las dos de la mañana, me parece que fue una de las cuestiones más complicadas y marcaron ciertas posiciones en el bloque País. ¿Con el resultado real de la negociación de la deuda no se hizo mal en darle la amnistía al ex presidente?
RC: No, porque la amnistía era por un caso muy concreto, que era una barbaridad, decir que porque se pagó con bonos a la empresa de Salomon Smith o algo así, entonces el Presidente de la República está metido en peculado. Es una barbaridad. Yo soy el Presidente de la República y que a mí me acusen de algo así sería tremendamente injusto. Fue contra esa injusticia que nos rebelamos…
OP: Y por supuesto contra la acción de Febres Cordero.
RC: Y por supuesto quien inició esa injusticia fue nada más y nada menos que Febres Cordero. De ahí, si tiene responsabilidad en la renegociación de deuda. Si alguien cree culpable a Gustavo Noboa, por ejemplo, por una mala renegociación de la deuda que lo acusen por esas cosas concretas, pero no porque firmó un decreto y los bonos que eran para tal objetivo se le pagó a la Salomon Smith. Incluso aquí, nuevamente, se verificó el sectarismo de algunos grupos dentro del Movimiento País hacia Noboa por ser oligarca, por haber sido un presidente de derecha, si había que mantenerlo con una acusación injusta y no darle la amnistía, pero a la gente de Dayuma que nos cerró pozos petroleros, que dinamitó camionetas, que disparó a policías, militares, como son pobrecitos, luchadores sociales a ellos si démosles amnistía. No podemos caer en esas barbaridades, en esos sectarismos.
OP: El buen vivir es una visión indigenista. Usted la ve ahora, ya con la Constitución aprobada, ¿como una visión que le obliga al Estado ecuatoriano a una nueva forma de convivencia, que supera el tema del consumismo, la visión occidental de la vida?
RC: Creo que el buen vivir es poner las cosas en orden. Primero, es un concepto aymara, más que quichua ecuatoriano. Segundo, pone las cosas en orden: el objetivo de la economía no es producir más, no es generar más ingresos, tener más dinero, consumir más y vivir mejor. Más que vivir mejor, es vivir bien.
El buen vivir coincide mucho y es consistente con el verdadero objetivo no solo de la economía sino de las ciencias sociales y creo que pone las cosas en orden. En esta frenética carrera consumista de acumulación de prestigio, estatus, somos capaces de cortarnos la cabeza para comprarnos un sombrero. No hay que poner la carreta delante de los bueyes. El objetivo último de una sociedad es educar en el buen vivir y toda debe estar en función de aquello.
OP: Un tema delicado fue el famoso hombre del maletín: el caso de Julio Logroño. ¿Eso fue una prueba para el gobierno, fue una punta de lanza también contra Sociedad Patriótica o fue la expresión de una cultura de hacer política de esa manera?
RC: Ojalá que haya sido eso. En todo caso nosotros recibimos la denuncia, investigamos, para que no se diga que era una creación, manipulación del gobierno para distraer, perjudicar o cosas así…
OP: Fue un globo inflado dijeron.
RC: Llamamos a tres periodistas de mucho prestigio. Les dijimos: “Vean, estamos haciendo esta investigación, aquí están los videos, las primeras pruebas, vamos a seguir investigando para que esto sea contundente”. ¿Qué pasó? Uno de esos periodistas invitado, que trabaja en Ecuavisa, le dio a una persona para que vea el video. Ese se lo pasó al inefable Carlos Vera y Carlos Vera enseguida lo lanzó. Entonces no pudimos seguir en la investigación para tener toda la contundencia del caso. Ya era suficientemente contundente lo que teníamos.
Nosotros tuvimos una reunión reservada con tres periodistas de mucho prestigio para ponerlos en antecedentes eran: Carlos Jijón, Andrés Carrión y una mujer que no me acuerdo…
OP: Mónica Almeida, del diario El Universo…
RC: Puede ser, no recuerdo. Les dimos los videos y les dijimos estamos haciendo esta investigación, queremos anticiparles para que no se diga que fue un invento del gobierno y vamos a seguir investigando. Lastimosamente se filtró enseguida. Bueno, ya se tenía bastante material, se pudo lograr mucho más.
OP: ¿Cuánto le fastidiaron, le alimentaron el pensamiento, la discusión, el debate las reuniones del bloque en Manta? De lo que yo fui registrando, esas reuniones se convirtieron prácticamente en un dolor de cabeza, en un problema, por dos razones. Le voy a poner los dos escenarios. El uno, no todos debatían, ahí hay que reconocer que algunos asambleístas ni siquiera iban y otros se quedaban dormidos. Y otro porque los temas no siempre se procesaron políticamente, sino que se discutieron como que estuvieran en una asamblea de sindicato.
RC: Eso no modifica lo que dije, muchas veces lo que se llama oposición en otros países lo teníamos dentro del bloque de Alianza País. Eso no es necesariamente malo, siempre y cuando después de tomar una decisión se vaya en esa línea. El problema es que se toman decisiones y al siguiente día, la gente con agenda propia hacía lo que le daba la gana y a eso le llamaba independencia. Eso es una deslealtad enorme, una falta de organicidad tremenda. En todo caso, en principio no me fastidiaban esas reuniones. A mí me agrada debatir, escuchar. Obviamente me quitaba tiempo. El problema fue cuando ya hubo tensiones dentro del bloque. Se veía la actitud de personas como Mónica Chuji, que tenía una agenda totalmente distinta, estaba más cercana a Pachakutik que a Movimiento País. Cuando veíamos que el Presidente decía algo no había que hacerle caso porque eso era depender del Ejecutivo. Si la CONAIE decía algo si porque nosotros somos indigenistas y hay que apoyar a los indígenas, como si la CONAIE habría ganado las elecciones. El problema era cuando nos pasábamos debatiendo hasta las 3 o 4 de la mañana y a las ocho del día siguiente, pese a haber llegado a un acuerdo, se hacía lo que se les daba la gana a cada uno no. No a cada uno, había gente que si era disciplinada. Eso era desgastante.
OP: La última semana de mayo usted decidió no ir más a Manta.
RC: No recuerdo exactamente, pero si le tengo que decir que al final tenía una desazón enorme, estaba muy decepcionado de algunos comportamientos. Que un Presidente de la República, con todas las ocupaciones que tiene, se ponga a debatir 6 o 7 horas…
OP: Bueno, de hecho en esos meses tuvo el problema de Colombia encima…
RC: Hasta las 3, 4 de la mañana y estar a las 7 de la mañana aquí en Quito para que después no hicieran caso de nada. Entonces si estaba muy decepcionado, profundamente.
OP: Los plenos poderes de la Asamblea, según su opinión, ¿fueron ocho meses de poder “total”?, ¿se desaprovecharon?
RC: Sí, pero además, cuidado, poder total de la Asamblea. Algunos quieren hacer creer, usted estuvo ahí, que el Presidente manejaba a todos los asambleístas, desde Carondelet, como a títeres. Usted sabe que eso no era cierto. Se debatía mucho y muchas veces las posturas del ejecutivo o del Presidente no eran aceptadas y democráticamente…
OP: ¿Qué le hubiese gustado hacer con esos poderes? ¿Qué hubiese hecho?
RC: Le insisto, nosotros tuvimos varios talleres de preparación, de formación, de planificación y habíamos acordado en cuatro meses acabar la Constitución. Una Constitución en base a principios. Vea el artículo de seguridad alimentaria tiene 15 numerales. Eso quiere decir que la Constitución define hasta la política pública, hasta lo que son funciones de un directorio. Es un error. Quedamos en que sea una Constitución de principios, quedamos que si se trabajaba bien en cuatro meses se acababa la Constitución y dejábamos dos meses para tratar las leyes fundamentales. Las leyes que ahora les pasaron al Ejecutivo y le pusieron un plazo para realizarlas.
OP: Usted piensa más en leyes. Por ejemplo podíamos pensar que con esos plenos poderes podían haberse dado…
RC: Debieron hacerse algunos Mandatos importantes. No todos los Mandatos salieron bien. Había incoherencias por ejemplo en cuanto a dar estabilidad a los tercerizados. Cuánto tuvimos que luchar también para que se ponga límite a los abusos de la contratación pública. Uno cree que ser de izquierda es ser irreflexivo e incondicional con los usos y abusos de ciertos dirigentes sindicales. Yo creo que ser de izquierda, además de ciertos principios de izquierda, de la supremacía del trabajo sobre el capital etc., es estar siempre apegado a la verdad y los abusos pueden venir de la derecha o izquierda y hay que combatir siempre esos abusos. Entonces, creo que se pudo hacer mucho más y si la Asamblea hubiera acabado en seis meses hubiéramos ganado ese referéndum con el 95% y no con el 64%.
OP: ¿Usted cree que fue justo, válido, prudente establecer un plazo de ocho meses? ¿Por qué no se plantearon un año?
RC: Puede haber sido un error. Insisto, cometimos muchos infantilismos, muchas novatadas. Por ejemplo: ¿por qué tenía que ganar el sí sobre el total de los votos válidos? En todas las elecciones el sí debe prevalecer sobre el total de votos. Es decir, prevalecer sobre el total de votos válidos, el sí le gana al no y se acababa y nosotros hechos los idealistas e hiper democráticos decimos que el sí le gane al no más el nulo, más el blanco. Entonces, cometimos algunos errores por novatos.
OP: Si era un año, podría haber sido un año de plenos poderes y hubiese…
RC: Puede haber sido, puede haber sido. Con todo el debate que eso podía haber implicado y todas las críticas. Un año de Asamblea con plenos poderes era más difícil que lo admita el pueblo ecuatoriano.
OP: ¿Por qué se declaró a Acostista el 15 de enero en Montecristi?
RC: A Alberto Acosta lo considero un hermano, un maestro, he aprendido mucho de él y lo quiero muchísimo y siempre seré Acostista, por su transparencia, su dedicación por el país y su patriotismo.
OP: ¿Él sigue siendo o fue en su momento, digámoslo así, el lado utópico e idealista de Acuerdo País?
RC: Puede ser, pero tal vez tengo que reconocer, puede ser el lado ingenuo.
OP: ¿Cuándo se dio cuenta que no sintonizaba? ¿Pasó algo? ¿Qué cortocircuito ocurrió?
RC: En algún momento sentía que más ascendente sobre Alberto tenía la CONAIE que el gobierno nacional y eso me hirió profundamente porque yo creo mucho en Alberto.
OP: Pero usted sabía eso, siempre fue así, porque cuando yo era editorialista del HOY y él también era editorialista, en los Consejos Editoriales del diario HOY le daban palo a Alberto Acosta porque era indigenista.
RC: ¿Cuándo lo dijo? Yo soy indigenista objetivo y pragmático, pero... Mire, a mí me han acusado, incluso la derecha indígena, de irrespetar a la dirigencia indígena. No hay nadie que la respete más que yo. Una muestra de respeto es decirles no hablen tonterías, porque que es lo que dice la gente cuando Marlon Santi habla tonterías: “pobrecito como habla tonterías”. Se lo trata con ese paternalismo, como a niñito de pecho. Soy el único que lo trata como adulto. Entonces, yo también soy indigenista, pero aquí hay que ver claro y tratar recio y actuar recio para ayudar a la gente.
OP: Alberto Acosta fue candidato a la Asamblea del 98 por Pachakutik.
RC: Yo también estuve muy cercano a Pachakutik y alguna vez asesoré a la CONAIE y alguna vez asesoré Pachakutik también.
OP: Al MPD también.
RC: Alguna vez sí. Otra cosa es creer que Alberto siempre tiene la razón y tratar de implementar el programa de la CONAIE. Peor ahora, porque creo que Pachakutik y la CONAIE han tenido lamentablemente una terrible involución, están cayendo en los vicios de los que fueron víctimas y a los que dicen combatir. Por ejemplo, el racismo, una forma de racismo también es creer que todo lo indígena es bueno y el resto es malo. Ese es el mensaje, de egocentrismo en el mensaje de Pachakutik y un poco de la CONAIE. Entonces, con Alberto académicamente, en el Foro Ecuador Alternativo, nuestra postura crítica a la dolarización, nuestro afán de ayudar al país, ayudar a los pobres, ha sido de gran coincidencia.
OP: Encontré algunos escritos sobre el tema de la deuda de los dos.
RC: Claro algunos escritos. Otra cosa es ya en la ecología, por ejemplo. Y en ese indigenismo, diría indigenismo infantil, algunas veces.
OP: ¿Por esas razones le dejaron de invitar al buró?
RC: No, fue cuando ya hubo un rompimiento, que es ineludible decirlo. ¿Qué pasó? Con Alberto habíamos planificado, hecho talleres etc., para en cuatro meses hacer la Constitución, dos meses para las leyes y se pasó en el debate por el debate. Estaba más preocupado que lo aplauda Sociedad Patriótica a avanzar en la agenda de la Asamblea y así vivimos seis meses. Y dijo que necesitaba dos meses más. Eso ya era un desgaste político. Usted sabe todo el bombardeo que tuvimos de la actuación de esa Asamblea: una prensa todos los días atacándonos, que plenos poderes, que esto es dictadura, que para eso no fue elegida la Asamblea, que borregos, etc., Era exponernos aún más. Yo estoy convencido que si la Asamblea hubiera acabado en seis meses el porcentaje de victoria hubiera sido mucho más amplio. En todo caso, qué le vamos a hacer.
Usted sabe que nuestro proyecto político tiene una comisión política, un buró, donde están representados asambleístas, movimiento, gobierno, etc., Resulta que después viene y nos dice, nos vamos a tener que quedar más de los ocho meses. Casi me muero.
OP: El día del partido de fútbol con Colombia.
RC: Le digo: “Alberto eso es una barbaridad, va a perder toda legitimidad la Asamblea”. “No, que yo puedo hablar con Sociedad Patriótica, PRIAN, PSC”, me dijo. “Alberto, te van a decir sí y al día siguiente se van de la Asamblea, y perdemos toda legitimidad”. “Bueno, voy a tener que pensar si no yo voy a tener que retirarme de la Asamblea, porque mi forma de ser es así, yo tengo que dar la palabra a todo el mundo debatir”. Yo le dije: “Bueno Alberto, haga lo que usted crea conveniente”. Creo que fue un martes o un miércoles y el jueves tuvimos la comida en la base de Manta. Habíamos acordado acelerar el trabajo para tratar de acabar a tiempo. Hubiera sido una locura pasarse los ocho meses que era lo que estipulaba el Mandato Popular. Era una locura, un suicidio. ¿Qué pasó en ese almuerzo? Estábamos discutiendo que hay que trabajar más rápido, los domingos, etc. Y dice que nosotros también tenemos derecho al buen vivir. Entonces no hay que trabajar los domingos. Frente a eso, nos dimos cuenta que Alberto no iba a cambiar su ritmo de trabajo, su forma de trabajo, no íbamos acabar en ocho meses y eso era gravísimo. Lo llamamos a conversar aparte con dos personas del buró y le tuve que decir: “Sí, mira hermano, es mejor que te hagas a un lado. Es la decisión más dura que he tenido que tomar.
OP: Con el corazón en la mano presidente: ¿A usted se le salieron las lágrimas cuando pasó eso?
RC: (Hace una pausa y los ojos se le llena de lágrimas) Después, luego de que pasó eso. Es natural porque a Alberto lo quiero como a un hermano. Yo soy un hombre honesto y también tengo muchas equivocaciones. (Hace una pausa) Además, uno se pone a pensar… Por supuesto, eso generó un natural resentimiento en Alberto, un distanciamiento... Por ejemplo, si Alberto estaba de Secretario en la Comunidad Andina no hubiera pasado nada, y si Fredy Ehlers hubiera estado en la Asamblea, el problema hubiera sido con él. Entonces uno se dice, cómo las circunstancias pueden crear distancias con un querido amigo. Y uno se dice si esta lucha vale tanto la pena como para distanciarse de los amigos. En otras circunstancias seguiría esa relación estrechísima que siempre he tenido con Alberto.
OP: ¿Y cuando renunció no pensó en llamarle y decirle que no?
RC: Cuando renunció Alberto no. Yo creía que tenía que renunciar. Uno no puede velar por sus afectos, por sus afectos personales, el afecto que siento por Alberto es muy profundo y siempre será por las circunstancias muy profundo, pero teníamos una responsabilidad con el país y Alberto nos estaba haciendo un daño enorme. Con todo cariño le dije.
OP: El cierre de la Asamblea fue atropellado para algunos, la consecuencia de varios errores, de las dificultades del proceso anterior pero al final también fue el cierre de un proceso a lo ecuatoriano. Que quiero decir con eso, se hizo con toda la emoción, con todo el espíritu, con todo lo demás, pero también una necesidad urgente de cambio que se estaba dando en la constitución. ¿El cierre tapó, cerró los problemas internos que había en Acuerdo País o dejó temporalmente postergados que ahora pueden aparecer de nuevo?
RC: No, yo creo que ahora estamos mucho más consolidados, hemos aprendido mucho, tenemos capacidad de aprendizaje, cometimos muchos errores y en las próximas elecciones para asambleístas esperamos no repetirlos, no improvisar, no tener un supuesto democratismo ingenuo. Entonces, tenemos capacidad de aprender y hemos corregido errores, pero yo creo que en el último mes de la Asamblea se hizo las cosas bastante bien, pero obviamente si hubiéramos tenido más tiempo se hubieran hecho mejor. Lo imposible era pasarse de ocho meses. Y con las limitaciones que teníamos se concluyó razonablemente. El proceso y la Constitución pudo ser mucho mejor, si no ignoramos que hubo tanto romanticismos, tanta pérdida de tiempo, tanto detalle que convirtió algunos aspectos de la Constitución en un reglamento. Pero sí, aprendimos mucho y más que haber postergado problemas en Alianza País nos permitió detectar problemas para corregirlos, básicamente el problema era que había gente con agenda propia, que es muy respetable, pero no es legítimo que se embarquen en un proyecto que tiene otra agenda y que desde adentro traten de imponer….
OP: ¿Por qué no quiso ir a la clausura de la Asamblea el 25 de julio? ¿Por qué se resistió? ¿Fue solo porque en el orden del discurso usted no cerraba la sesión de clausura o hubo otras razones? ¿Qué pasó ahí?
RC: No recuerdo totalmente aquello, pero si estaba muy afectado por muchas deslealtades que había habido en los últimos días. Por mucha, no me gusta el término, indisciplina, pero diría por la desorganización, desarticulación. Le insisto, en un momento dado yo decía mandemos esta propuesta con el membrete de la CONAIE para que nos hagan caso, porque si le mando con el membrete del Presidente de la República es como si lo desprecian. Veíamos que ese grupo de gente que con tanto esfuerzo habíamos logrado llevar a la Asamblea, con base al trabajo de todos, obedecía a otra agenda política, no por la que había votado la gente, a la que pertenecía el gobierno.
OP: Era el acto más trascendental. Si no iba eso…
RC: Le insisto nos sentimos minimizados. Yo no soy una persona vanidosa, en el sentido de que si no me dan el primer puesto. Es más detesto los primeros puestos, pero con todo lo que había habido, no sé si es el término adecuado, es la palabra que se viene a la mente, en algunas cosas nos habían hasta despreciado, no nos habían hecho el menor caso. Más caso le hacían al movimiento tal, a la organización tal, para que no se ponga brava Sociedad Patriótica, se ponían las cosas para que el MPD esté contento, etc., que lo que pedía el Gobierno Nacional en función de una visión integral del proyecto político. Entonces, con esa minimización si usted quiere, que se había hecho del Presidente y del Gobierno sí teníamos algún temor que en la clausura también se nos trate como un invitado más, y de repente se dé más importancia a grupos que no tienen nada que ver con nuestro proyecto político, pero luego conversando se corrigieron...
OP: Y salió contento
RC: …y respondieron a esas inquietudes y fuimos. Y creo que todo salió bien al final.

¿A QUÉ HUELE MONTECRISTI?


A amanecer, a mojado, a humedad, a sudor frío, intenso, de la mañana. Y también huele a tierra...
A las siete de la mañana, se oye voces de pájaros, muchos pájaros, imaginados y de vez en cuando vistos: unos blancos, otros amarillos y verdes pequeños. Son pacharacas, pavas de monte, pericos cachete gris, loras de frente colorada, olleros, perdices, culebreros, lincheros, caciques.
A esa hora hay ruido de ternuras, estridencia de la Naturaleza.
Quien presta atención, con sus cinco sentidos, en las noches y en las mañanas, solo siente un vibrar de montaña, casi imperceptible, su respiración leve, sus aromas múltiples, sus notas. Por la mañana hay un frío refrescante, para alimentar el aliento. Al mediodía un sopor que endulza la conversación y genera sed. Al caer la tarde se gesta la aventura verbal y el derroche de palabras.
En esa cuna de Eloy Alfaro la gente veía llegar a muchos personajes de la política. Su entusiasmo era tal que muchas casitas o entradas de casas se hicieron cafeterías, modestas y adustas. Conversar con alguno de esos habitantes montecristianos era reconocer una distancia de muchos años con la vida política del Ecuador. Para ellos el mundo era más cotidiando, urgente, precario. Una Constitución era algo ajeno o lejano, utópico y también necesario. Con todo, la presencia de la Constituyente generó entusiasmo, expectativas y, de algún modo, también complicaciones en su vida diaria.
Había una distancia de no más de 500 metros entre Montecristi y Ciudad Alfaro. Corta, pero con el pasar de los días se hizo distante. Montecristi fue, poco a poco, la avenida que conducía a Ciudad Alfaro. Y en ese recinto bullía todo. Si uno mira desde la carretera que lleva a Jipijapa, Ciudad Alfaro se veía como un campamento inmóvil, distante, donde cabía una ilusión potente.
Por el gran escenario de la Constituyente pasó toda la izquierda, toda la derecha, los de vieja data, los jóvenes y los niños: desde esa figura similar a Carlos Marx (gordo, bonachón, con barba cana y abundante), pasando por todas las activistas de los derechos de la mujer y los reproductivos, los y las activistas GLBTI, hasta esos viejos militantes gremiales, sindicales, intelectuales, guerrilleros de vieja data. Hubo momentos únicos e irrepetibles: en un extremo de la carpa del comedor comía Alejandro Moreano y en la otra Alvaro Noboa; en otra ocasión los miembros del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas cargaba las bandejas de comida, con sus edecanes afuera, mientras junto a ellos estaba un grupo de ex guerrilleros de Alfaro Vive; y también hubo alguna vez donde las mujeres más ricas, bien vestidas y engominadas junto a un grupo de mujeres indígenas, venidas desde la provincia de Chimborazo, con sus ponchos y vestimentas que las hacían sudar a borbotones, instaladas ahí para demandar que en la justicia indígena ellas tengan participación. O como en aquella ocasión que llegaron los záparos a plantear que no necesitaban permiso para pasar a Perú, ataviados de todos sus adornos en su hermosa desnudez.
En ese escenario en varias ocasiones tuve la imagen de don Quijote y Sancho Panza o en mi delirio los veía con esos trajes y esas siluetas: el uno, largo, flaco, imponente, conduciendo la Asamblea desde el ideal, la utopía, la ética absoluta, la firmeza de una convicción imposible. El otro, gordito, panzón, más callado, desde la Vicepresidencia, aterrizando cada sueño, midiendo los tiempos y las distancias, calando en la cordura antes que en la ilusión, 'comilón', vital para moverse sin ser visto y activo para no descansar nunca.
Ahí estaban quienes hace 20 años se jugaron la vida pensando que era posible, entonces, construir un país como la nueva Constitución proclama. Soñaban, peleaban, fueron torturados, encarcelados y ¿perdieron? Otros recién llegados hace una década, con otras y las mismas ilusiones, mirando a los más viejos como acólitos y no necesariamente como idénticos.
Además estaban los que llegaban recién bajados de la pasarela, perfumados y perfumadas al extremo. Había uno que llegaba con mucha plata y quiso imponerse con ella, la que sacaba de sus bolsillos y medias para regalar a los pobres de la zona. Había también de esos que conspiraban con no hacer nada. Estaban incluso los que llegan a proteger sus fortunas y otros a defender las fortunas de esos otros. Y también estaban aquellos que se bajaban en Hummer, esos carros blindados construidos para proteger a magnates y hasta a mafiosos.
A diferencia de hace 20 años, el ideal era concreto, palpable. Ahora teníamos el mismo y más ideales, pero sabíamos que había que hacerlo realidad en la cotidianidad, en cada acto. Lo mismo políticos, periodistas, activistas, dirigentes y todos y todas los que teníamos y tenemos ganas de cambiar el Ecuador imposible.
Entre la Constitución ideal y la Constitución posible, había que definirse: solo era posible la Constitución posible, para un país posible. La Constitución posible no es el ideal de nadie. Igual que hacer un partido o un movimiento ideal hay que plantearse el partido y el movimiento posible. Igual que el periodismo: solo se hace lo que es posible y dado hacer, no idealizar los hechos. Están para ser contados y revelados.
Muchas veces salí de allí de madrugada. Uno de los últimos en salir. No siempre cansado: casi siempre excitado, con una vibración interna sin explicación. Y huelo, siempre huelo todo. A esas horas la sensación es de humedad sabrosa por todas partes. Miro a la montaña, al Monte Cristo, y la oscuridad ilumina todas las emociones, las contradictorias, las rabiosas, las de idealismo sin explicación. En esa pared escabrosa oscura imagino este futuro. En ese muro de montaña queda fija la memoria de ocho meses, quizá los más intensos de mi vida periodística.
Una de esas madrugadas salimos a las 08:00. Se había votado la nueva Constitución. Estaba aprobada. Sin saber de lo ocurrido, en la entrada estaban mis padres, mi hermana y sus hijos. Me esperaban. El abrazo de mi padre fue toda una bendición, al pie del Monte Cristo. “Vaya mijo, descanse”. Salí a la luz intensa de Montecristi y volví a ver la montaña. Ahí estaba todo escrito, escuchado, sentido, debatido. Esos muros, esos árboles y ramas escucharon todo, vibraron. Salíamos con una Constitución en el alma.
Montecristi, Ciudad Alfaro, es y fue un campamento guerrillero de esta nueva época: a las ideas les cobija el monte, a la utopía el aroma de la hierba y a la felicidad el sonido de la infinidad de pájaros.